Historia antigua

Una mirada al debate sobre el mundo tartésico

Una mirada al debate sobre el mundo tartésico

Sin duda, el conocimiento de la supuesta primera cultura autóctona de la Península Ibérica, Tartessos, sigue siendo hoy uno de los mayores quebraderos de cabeza para historiadores y arqueólogos. No existe una posición oficial al respecto, pero se da por sentado que se trata de la primera entidad política autoctona de la península.

En este artículo intentaremos aclarar, aunque de forma resumida, el escaso estado de la investigación actual. Repasaremos los principales aspectos sociales, económicos, culturales y religiosos, centrándonos en los primeros pasos de la cultura tartésica, siempre desde una postura crítica frente a las políticas nacionales que dificultan la labor de los profesionales del sector.

¿Dónde se desarrolló Tartessos?

Lo primero es delimitar el espacio geográfico donde surgió la cultura tartésica. Existe un consenso general en que apareció alrededor del siglo X a.C. en el triángulo formado por las actuales ciudades de Huelva, Cádiz y Sevilla, concretamente en los valles bajos de los ríos Guadiana y Odiel, según los hallazgos arqueológicos. Más tarde se extendió a gran parte de la actual Andalucía y Extremadura.

Esta zona corresponde a la fase final de la cultura del Bronce Atlántico. Entre sus restos más característicos destacan las estelas guerreras, grandes losas de piedra con relieves de combatientes. Al encontrarse descontextualizadas, inicialmente se pensó que marcaban tumbas, pero la ausencia de restos óseos ha llevado a considerarlas marcadores territoriales (agrícolas, mineros o de otro tipo).

La escasez de enterramientos podría indicar una cultura diferente del resto de la península y de los grupos foráneos que llegaría después, como fenicios y griegos. Algunos arqueólogos proponen que los difuntos se depositaban en los ríos, como sugieren ciertos hallazgos encontrados en cauces locales.

Reservorio de la Ría de Huelva

En la primavera de 1923, al limpiar el fondo de la Ría de Huelva, una draga sacó 397 piezas metálicas, mayormente armas, entre ellas algunas de las mejores espadas de hoja ancha halladas en la península. También se recuperaron lanzas, dagas, puntas de flecha y adornos como broches y alfileres.

Inicialmente se pensó que provenían del hundimiento de un barco mercante, pero hallazgos posteriores –como un yelmo griego y una estatuilla del dios Melkart– y las fechas (1300‑750 a.C.) cuestionaron esa hipótesis.

En 1995 Belén y José Luis Escacena (Universidad de Sevilla) propusieron que los tartesios depositaban a sus muertos en los ríos junto al ajuar funerario. Este rito, aunque no exclusivo de Tartessos, forma parte de una tradición atlántica que se observa en distintas áreas.

Una mirada al debate sobre el mundo tartésico

Depósito en la Ría de Huelva

Aunque el rito no sea exclusivo, contrasta con la mayoría de costumbres de la península antes y durante Tartessos, donde predominaban enterramientos y cremaciones. Tras la llegada de fenicios y griegos, estas prácticas cambiaron notablemente.

Algunos críticos consideran improbable que materiales depositados a lo largo de varios siglos terminen en el mismo lugar, y siguen defendiendo la hipótesis del naufragio o de depósitos vinculados a linajes desaparecidos.

La religión de los tartesios

La dimensión religiosa de Tartessos sigue siendo un gran desconocido. El hecho de despedir a los muertos en entornos naturales sugiere creencias vinculadas a la naturaleza, quizá semejantes a las de celtas o íberos. Tras el contacto con fenicios y griegos, adoptaron tradiciones no autóctonas, como ocurre en varias ciudades que veremos más adelante.

Un sitio arqueológico clave es Cancho Roano (Badajoz), que parece haber sido un templo religioso datado alrededor del 550 a.C., coincidiendo con el inicio del declive tartésico y la aparición de los turdetanos.

¿Nació la ciudad tartésica?

La historiografía se divide entre dos posturas. La posición colonialista sostiene que la cultura tartésica surgió gracias al influjo oriental de fenicios y griegos desde el siglo X a.C., que introdujeron nuevas costumbres entre la población indígena del Bronce Atlántico.

La posición evolutiva, más respaldada por la evidencia, plantea que el intercambio comercial con fenicios y griegos provocó que las élites locales adoptaran y adaptaran esas influencias, dando lugar a una sociedad tartésica propia. El debate persiste, como lo demuestra el tesoro de Carambolo, que oscila entre atribución tartésica y fenicia.

Los asentamientos del siglo X a.C. eran típicos de la prehistoria ibérica tardía: casas circulares de una sola planta y materiales ligeros, bajo la autoridad de élites guerreras (evidenciado por las estelas). La llegada fenicia en el siglo IX a.C., motivada por la extracción de metales para el comercio con Asiria, transformó estos núcleos.

Los fenicios introdujeron viviendas rectangulares de varios ambientes y, a veces, dos plantas, calles organizadas y edificios públicos (económicos, políticos y religiosos). Así surgieron ciudades como la actual Cádiz o el yacimiento de Doña Blanca, claramente fenicios, y otras como Huelva, cuya asignación sigue en discusión.

El Tejado Viejo

Este yacimiento, de más de 6 hectáreas, es uno de los ejemplos más claros de una ciudad tartésica con rasgos fenicios. Presenta una planificación urbana en bloques y calles, aunque la separación entre lo público y lo privado aún era incipiente. La técnica constructiva, basada en un zócalo de piedra sin cimientos profundos, era típica del Mediterráneo de la época.

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La cerámica de los tartesios

La cerámica es uno de los marcadores más útiles para distinguir culturas. En el territorio tartésico conviven dos tipos muy diferentes. Por un lado, la cerámica de grelo bruñido, de color oscuro, fabricada a mano o en torno lento, de aspecto rústico y de uso cotidiano.

Por otro, la cerámica de estilo Carambolo, pintada con tonos rojos sobre fondo ocre, más refinada y probablemente destinada a la élite.

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La llegada de Tartessos a la historia escrita

Con la llegada de los griegos en el siglo VII a.C., aparecen fuentes literarias que confirman la existencia de Tartessos. Heródoto relata los contactos entre los griegos de Focea y el rey Argantonio (siglos VII‑VI a.C.), describiéndolo como un tirano (término no peyorativo en la Grecia clásica) que favoreció tanto a su pueblo como a los mercaderes griegos.

La supuesta longevidad del rey (120 años, 80 en el trono) se explica como una sucesión dinástica con el mismo nombre. Otros nombres de reyes tartesios aparecen en la obra de Gonzalo Bravo, mezclando figuras míticas (Nórax, Gargoris) con personajes históricos (Habis).

Tartessos en el periodo orientalizante

Los escasos documentos y la arqueología nos presentan a Tartessos como la primera entidad estatal de la península, con una capital aún no localizada pese a los intensos trabajos de investigadores como A. Shulten.

La influencia fenicia y griega impulsó una economía próspera, basada en la minería de plata y la producción de oro que circulaba por el Mediterráneo. El torno de alfarero permitió la producción masiva de cerámica de alta calidad, y la metalurgia del hierro se generalizó.

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Anillo de oro de la Necrópolis de La Joya (Huelva)

La agricultura y la ganadería también mejoraron, destacando la viticultura y el olivar, que generaban altos rendimientos económicos y reforzaban el poder de las élites locales.

Necrópolis de La Joya (Huelva)

Aún falta una confirmación inequívoca de la existencia de Tartessos. Mientras historiadores y arqueólogos siguen buscando pruebas, las autoridades parecen rehuir el tema. Hace unos meses, un arqueólogo que dirigió excavaciones en el centro de Huelva en los años 80 comentó: "que nadie busque Tartessos, porque está bajo Huelva y nadie lo sacará", aludiendo a los supuestos tumbos reales tartesios en la zona.

Según el director del Museo de Huelva, Pablo S. Guisande, la necrópolis de La Joya cuenta con al menos 19 tumbas que podrían pertenecer a reyes tartesios, con abundantes joyas de oro, plata y bronce, así como objetos exóticos de marfil y huevos de avestruz.

Destacan una tapa de coche encontrada en la tumba nº 17 y dos vasos de forma única: uno con una flor de loto invertida sobre un soporte cónico, y otro jarro con asa en forma de ciervo y boquilla de caballo, hallados en la tumba nº 18.

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Vasos de la Necrópolis de La Joya (Huelva)

Conclusiones

Estamos ante uno de los periodos más relevantes de la protohistoria ibérica. Descubrir los orígenes de Tartessos podría revelar secretos comparables con los de ciudades históricas como Atenas o Roma en sus inicios.

Los detractores suelen subrayar la similitud con los fenicios, pero tres siglos de convivencia son suficientes para que una cultura absorba y transforme influencias externas. El registro arqueológico muestra claramente que los tartesios aprendieron de los fenicios, pero la convivencia, más que la ocupación, parece la clave para entender su desarrollo.

Seguiremos atentos a las novedades que surjan sobre este fascinante tema.

Para una lectura amena sobre el mundo tartésico, recomendamos el artículo de Manuel Pimentel.

Una mirada al debate sobre el mundo tartésico

Más información:

Tarteso y el periodo colonial, María Pilar San Nicolás, Tema 9 de Prehistoria reciente de la Península Ibérica, Ed. UNED, 2013.

Historia nueva de la España antigua, Gonzalo Bravo, Ed. Alianza, 2011.

Imágenes: museumsofandalucia

Enlaces de interés: museumsofandalucia, institucional, tejadalavieja