«Que seas más afortunado que Augusto y mejor que Trajano»
Así recibieron, años después de la muerte de Trajano, los que heredaron el púrpura en Roma. La segunda parte de la frase, sin embargo, nunca se cumplió.
Es un reto escribir algo nuevo sobre Marco Ulpio Trajano después de que Santiago Posteguillo nos iluminara con su trilogía sobre este emperador hispano. Aun así, vale la pena repasar los puntos clave de su historia.
Fuentes para conocer a Trajano
De la gran cantidad de información disponible hoy, los documentos literarios contemporáneos son escasos. Tras perderse gran parte de sus memorias, apenas quedan dos fuentes principales: las Cartas de Plinio el Joven, donde el senador expresa su preocupación por el rápido crecimiento del cristianismo, y el Libro LXVIII de la Historia de Roma de Dión Casio, escrito un siglo después de la muerte de Trajano, durante el mandato de Septimio Severo.
Historia de Roma, de Dión Casio
La cultura material nos brinda más pistas que la literatura. Entre las construcciones que testimonian su reinado destacan tres: la Columna de Trajano, erigida en el Foro de Trajano entre 110‑113 d.C. para conmemorar las victorias en Dacia; el Trofeo de Adamclisi, una tumba monumental del 109 d.C. descubierta a principios del siglo XX en la actual Rumanía; y el Arco de Trajano en Benevento, construido entre 114‑117 d.C. en la Vía Trajana, que nos informa sobre aspectos económicos, políticos y religiosos del imperio.
Trajano en el Arco de Benevento (derecha)
Numismática: la mayor fuente de propaganda imperial bajo Trajano. Entre 101‑105 d.C., al inicio de las guerras dacias, se han identificado hasta 114 tipos diferentes de monedas, que reflejan religión, política, economía y conquistas.
Desde el siglo XIX, la historiografía ha ido afinando los detalles del mandato de este emperador. Destaco al profesor José María Blázquez Martínez (Universidad de Salamanca, Real Academia de Historia) como uno de los académicos que mejor ha acercado el rigor científico al público general.
Los cinco buenos emperadores
Entre los casi cinco siglos de duración del Imperio Romano de Occidente, el período 96‑180 d.C. se conoce como la era de los "Cinco Buenos Emperadores", antes de la llegada de Cómodo.
La dinastía Antonina, también llamada Ulpio‑Elia, surgió tras el asesinato de Domiciano en 96 d.C. De entre los candidatos, Nerón (no confundir con Nerón) eligió a Trajano como sucesor apenas un año después de asumir el poder.
Tras Nerón (96‑98) y nuestro protagonista Trajano (98‑117), siguen:
Hadriano (izquierda), quien introdujo la barba entre los emperadores, junto a Antonino Pío y Marco Aurelio.
Hadriano (117‑138), segundo emperador hispano, es a menudo considerado la antítesis de Trajano. Fue acusado de pacifismo por abandonar la frontera oriental y construir el Muro de Adriano. Su reinado se destacó por su amor al arte helenístico y por sus extensos viajes por las provincias, reorganizando la administración imperial.
Antonino Pío (138‑161), de origen galo (Nimes), continuó las políticas de sus predecesores, reforzó el papel del Senado y mantuvo la mayor parte de la paz y la prosperidad del imperio.
Marco Aurelio (161‑180), el filósofo‑emperador, compartió el poder con Lucio Vero (161‑169). No fue un gran estratega militar, pero rodeó su gobierno de excelentes generales y enfrentó los primeros signos de declive del imperio: guerras en el norte y este, plagas y tensiones religiosas.
Tras este breve repaso, podemos centrarnos en el mandato del mejor de los Cinco Buenos Emperadores.
Marco Ulpio Trajano
Nació en Itálica el 18 de septiembre del 53 d.C. Su padre, del mismo nombre, pertenecía a la antigua familia turdetana de los Trahii; su madre era miembro de la gens Marcia.
Carrera militar
Los datos sobre sus primeros años son escasos. La primera referencia lo sitúa a los 23 años en Siria, bajo el mando de su padre. Recorrió varias provincias (Siria, Asia, África) para escalar el cursus honorum. Entre 83‑85 d.C. ya se desempeñaba como procónsul.
Alrededor del 88 d.C. estuvo en Hispania, en la Tarraconensis, donde comandó la Legión VII Gemina. Al año siguiente sofocó la rebelión de Saturnino, gobernador de Germania Superior. Tras dos años en el limes germánico, fue nombrado cónsul en 91 d.C. y, posteriormente, gobernador de Moesia Inferior y de Germania Superior, desde donde recibió la designación de sucesor de Nerón.
El emperador militar nace
Su principal virtud era la expansión del imperio. Tras la muerte de Nerón, en lugar de regresar inmediatamente a Roma, consolidó la pacificación del limes germánico, aunque nunca intentó conquistar la Germania propiamente dicha.
En 99 d.C. visitó Moesia y Panonia, donde se enfrentó a Decebalo, que ya había sido un problema para los romanos desde la época de Domiciano. Tras conocer de primera mano la situación del Danubio, regresó a Roma y dedicó un año a planear su política militar.
Construcción del puente de Trajano sobre el Danubio
Entre 101‑102 d.C. dirigió personalmente la primera guerra dacia, obligando a Decebalo a rendirse. El rey dacio se rebeló nuevamente en 106; Trajano movilizó 11 legiones, entre ellas la recién creada Legión XXX Ulpia Victrix y la Legión II Trajana. La derrota fue total y Decebalo se suicidó. Por primera vez, el Danubio dejó de ser frontera natural del imperio.
Tras la victoria, en 113 d.C. partió hacia Antioquía, siguiendo los pasos de Alejandro Magno. Sus conquistas alcanzaron casi el Golfo Pérsico; nunca sabremos si habría llegado a la India.
El imperio bajo Trajano
El emperador de Roma
Políticamente, Trajano mantuvo excelentes relaciones con el Senado, dominado en gran parte por la "Partido Hispano" (27 senadores hispanos). Su amigo Lucio Licinio Sura era una figura clave. Se dice que el emperador no apreciaba los halagos excesivos.
En el plano económico, reforzó las Instituciones Alimentarias creadas por sus predecesores, ofreciendo préstamos a bajo interés (alrededor del 5 %) a campesinos y a los sectores más necesitados, como huérfanos. Los granos y aceites se distribuían, como muestra el Arco de Benevento, a familias de escasos recursos. Los impuestos se mantuvieron estables y los beneficios de las conquistas se emplearon en obras públicas.
Socialmente, mostró tolerancia religiosa. La correspondencia con Plinio el Joven revela su preocupación por el crecimiento del cristianismo, aunque nunca consideró que la nueva fe representara una amenaza para el imperio. Sus críticos señalan este punto como uno de sus mayores errores.
Obras arquitectónicas del imperio
El oro de las minas dacias financió la transformación de Roma: el Foro de Trajano, la Basilica Ulpia, bibliotecas, termas, el Odeón y el Mercado de Trajano convirtieron la ciudad en la más hermosa del mundo.
Se fundaron nuevas ciudades en los márgenes del imperio, como Timgad en África y Ulpia Trajana en el limes germánico. Los puertos de Ostia y Brindisi fueron ampliados, y se repararon y construyeron carreteras, como la Vía de la Plata entre Hispalis y Asturica Augusta, y el emblemático Puente de Alcántara, que sigue en uso hoy.
Recreación del puerto de Ostia
En todas las provincias del imperio se dejaron obras patrocinadas por Trajano; sus conquistas abrieron nuevas rutas y reforzaron la infraestructura de Dacia, Arabia y Mesopotamia.
La muerte de Trajano
Trajano nunca regresó a Roma. Murió en el camino de regreso desde Ctesifón; las circunstancias siguen siendo objeto de debate. Según Dion Casio, el emperador sospechó haber sido envenenado.
«Trajano mismo sospechó que su enfermedad se debió a un veneno administrado»
Más información:
Historia de Roma, J. Cabrero y P. Fernández Uriel, Ed. UUED, 2008.
Trajano, José María Blázquez, Ed. Ariel, 2003.
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