Historia antigua

Arne Beurling: el matemático sueco que rompió el cifrado alemán en dos semanas con lápiz y papel

La criptografía ha sido una herramienta esencial desde la antigüedad y, en tiempos de guerra, su importancia se multiplica. El caso más famoso es la ruptura del código de la máquina Enigma alemana durante la Segunda Guerra Mundial, proceso que tomó menos de dos años gracias a la labor de técnicos polacos y al matemático Alan Turing. Sin embargo, en 1940 otro matemático, el sueco Arne Beurling, logró lo mismo con un dispositivo aún más complejo que la Enigma, y lo hizo en apenas dos semanas usando únicamente lápiz y papel.

La máquina Siemens & Halske T52 ("Sturgeon")

Conocida como T52, SFM (Schlüsselfernschreibmaschine) o Geheimschreiber, la máquina recibió el sobrenombre de "Sturgeon" por parte de los aliados. A diferencia de la Enigma, que servía a las tropas móviles, la T52 era utilizada por los altos mandos de la Luftwaffe y la Kriegsmarine. Los criptoanalistas británicos del Bletchley Park la agrupaban bajo el nombre colectivo Fish, al igual que la máquina Lorenz (Tunny) y otras versiones posteriores como la T43 (Trasher).

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Funcionamiento y complejidad

La T52 automatizaba el proceso de cifrado y transmisión: el operador tecleaba el texto, la máquina lo cifraba y lo enviaba como teletipo; al recibirlo, la propia máquina lo descifraba. Esto ofrecía dos ventajas clave: mayor velocidad y la eliminación de la necesidad de que el operador conociera la clave. Técnicamente, la T52 utilizaba un generador de números pseudo‑aleatorios (GPAN) y diez rodillos en lugar de los cinco habituales, creando un número astronómico de combinaciones (aproximadamente un quintillón).

Existen varias versiones: la T52a (1932‑1934), la T52b (1934‑1942) con mejoras en la eliminación de ruido eléctrico, la T52c, d, e y f, cada una intentando corregir vulnerabilidades descubiertas por el criptógrafo alemán Heinrich Döring, quien mostró que el uso de claves repetidas facilitaba la ruptura del cifrado.

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Arne Beurling y su hazaña

Arne Carl‑August Beurling nació en Gotemburgo en 1905. Tras estudiar Artes y Filosofía en la Universidad de Uppsala, obtuvo su doctorado en Matemáticas en 1933 y se convirtió en profesor en esa misma universidad. Suecia mantuvo una política de neutralidad durante la guerra, pero permitió que el ejército alemán utilizara su red de telecomunicaciones, lo que facilitó la intercepción de mensajes cifrados con la T52.

En el verano de 1940, Beurling, que había recibido entrenamiento en criptografía durante su servicio militar, se puso a trabajar sobre los mensajes interceptados. Sin revelar su método, logró descifrar dos series de textos en menos de dos semanas, usando únicamente su conocimiento matemático, lápiz y papel. Gracias a su trabajo, Suecia pudo reproducir máquinas T52 y monitorear las comunicaciones entre Berlín y sus embajadas en Oslo y Estocolmo, así como entre Alemania y sus tropas en Finlandia, durante tres años.

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Impacto y consecuencias

Se interceptaron alrededor de medio millón de mensajes, de los cuales dos tercios fueron descifrados. El éxito sueco obligó a los alemanes a introducir mejoras en la T52 (modelos d y e), que redujeron significativamente la capacidad de intercepción a partir de 1943. Paralelamente, los criptoanalistas británicos, liderados por Alan Turing y el químico‑matemático William Tutte, también lograron romper los códigos de la Lorenz (Tunny) y, más tarde, la propia T52.

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Legado de Beurling

Tras la guerra, Beurling se trasladó a Estados Unidos, donde impartió clases en Harvard y Princeton y colaboró en el Institute for Advanced Study con Albert Einstein. Sus contribuciones a la teoría de funciones, como el teorema de factorización de Beurling, siguen siendo referencia en matemáticas. Falleció en 1986; en 1967 recibió el elogio de David Kahn, autor de The Codebreakers, quien lo describió como uno de los grandes descifradores de la historia.