Historia antigua

1917: la Primera Guerra Mundial según Sam Mendes

Sinopsis y misión imposible

En 1917, los cabos Schofield y Blake (George MacKay y Dean‑Charles Chapman) reciben la orden del general Erinmore (Colin Firth) de detener el ataque planeado por el coronel MacKenzie (Benedict Cumberbatch). El objetivo es evitar que la tropa británica caiga en una trampa al desconocer que avanza contra una posición fuertemente fortificada. Con escaso tiempo, deben llegar antes del amanecer del día siguiente para salvar a unos 1 600 soldados y, en particular, al teniente Blake (Richard Madden), hermano del cabo Blake.

Contexto histórico

La historia se sitúa a comienzos de 1917, tras la derrota aliada en Verdún. Alemania, aunque aún en ofensiva, se ve obligada a retroceder y consolidar la nueva línea de defensa conocida como la Línea Hindenburg (Siegfriedstellung). En marzo de 1917, los alemanes abandonan sus trincheras y crean un amplio no‑man’s‑land entre ambos frentes, escenario donde se desarrollan los acontecimientos de la película.

1917: la Primera Guerra Mundial según Sam Mendes

Un road‑movie bélico

Aunque la premisa recuerda a los clásicos filmes de guerra de los años 50 y 60, 1917 se aleja de ese molde. Al igual que Dunkirk de Christopher Nolan, la película combina la tensión del conflicto con la estética del road movie: una travesía continua que recuerda a la Odisea, pero con soldados a pie recorriendo el infierno de la Primera Guerra Mundial. El resultado es mucho más que acción; es un espectáculo de luz, sonido y carácter.

Un viaje sensorial

La cinta comienza con los dos protagonistas recostados bajo unos árboles en una pradera verde. La cámara se eleva, los sigue y los sumerge en la profundidad del frente: trincheras, barro, armas, un puesto de mando subterráneo y los primeros estallidos de bombardeo. Mientras el espectador se asombra, los soldados conversan en voz baja, acostumbrados a la violencia cotidiana.

1917: la Primera Guerra Mundial según Sam Mendes

A lo largo del recorrido se suceden olores a tierra aplastada, cadáveres en descomposición, heridas supurantes y agua estancada. Los héroes se refugian en sótanos, evitan trampas y cruzan un huerto de cerezos talado que, según uno de ellos, volverá a verde. Una granja abandonada marca un punto de inflexión: aparecen un piloto derribado, los hombres del capitán Smith (Mark Strong) y, finalmente, soldados alemanes. Todo ocurre cerca de Écoust, al sur de Arras, en la zona que había sido la línea británica antes de la retirada a la Línea Hindenburg.

Desenlace y legado

El clímax combina belleza y horror en un asalto con bayoneta que culmina la misión. El coronel MacKenzie, lejos de ser el villano esperado, ofrece reflexiones que atenúan la gloria buscada por los protagonistas. La película cierra con el cabo Schofield apoyado en un árbol, su rostro refleja la melancolía de un veterano que ha visto demasiado, recordándonos que lo que hoy es crucial puede no serlo mañana.