Introducción
En la Antigüedad, la participación femenina en los Juegos Olímpicos estaba estrictamente prohibida, incluso como espectadoras. Sólo siglos después, en la era moderna, las mujeres fueron incorporadas progresivamente a disciplinas como la atletismo, consideradas entonces perjudiciales para su salud. Sin embargo, en el siglo VI a.C. un grupo de dieciséis mujeres creó su propia competición: los Juegos Hereos.
Origen y mito fundacional
Los Juegos Hereos se celebraban en honor a la diosa Hera y fueron descritos por Pausanias en su obra Descripción de Grecia (c. 175 d.C.). Según el relato, fueron fundados por Hipodamía, hija de Oenomao y esposa de Pelops, una figura semi‑mitológica cuya historia incluye la muerte y resurrección de su esposo mediante un hombro de marfil.
Para agradecer a Hera por su matrimonio, Hipodamía reunió a dieciséis mujeres que se convirtieron en las administradoras de los Juegos. Una teoría alternativa sugiere que estas mujeres provenían de las ciudades griegas de Elis y Pisa, con el objetivo de aliviar tensiones entre ambas polis.

Desarrollo y características de la competición
Los Juegos Hereos consistían inicialmente en carreras atléticas y se celebraban, al menos, desde el siglo VI a.C. en el estadio de Olimpia, posiblemente el mismo año que las competiciones masculinas y justo antes de ellas. Las atletas competían divididas en tres grupos de edad, recorriendo una distancia aproximadamente un 20 % más corta que la de los hombres.
A diferencia de los hombres, las mujeres no competían desnudas; vestían un chitón recortado por encima de la rodilla que dejaba al descubierto el hombro derecho y el pecho. Este mismo tipo de prenda era utilizado por los hombres en pruebas de gran esfuerzo físico, por lo que las mujeres adoptaron una vestimenta típicamente masculina.

Influencia romana y participación femenina posterior
Desde el final del periodo clásico y bajo la influencia de Roma, las mujeres comenzaron a participar en los mismos festivales atléticos que los hombres, aunque esta práctica no fue bien recibida en Grecia. Inscripciones arqueológicas atestiguan la presencia de corredoras en Delfos en el siglo I d.C., en Nápoles durante el Imperio y en los Juegos Capitolinos de Roma en 86 d.C.
Premios y reconocimiento
Las vencedoras de los Juegos Hereos recibían una corona de olivo, al igual que los hombres, y el carne de los sacrificios de ganado a Hera como premio. Además, podían dedicar estatuas con su nombre y aparecer en retratos colocados en las columnas del templo de la diosa. Hoy aún se observan los lugares donde se encontraban dichos retratos, aunque ninguna de esas esculturas se ha conservado.

Ganadoras y legado arqueológico
Los registros sobre las participantes son escasos, pero parece que las vencedoras eran mayormente espartanas, cuya rigurosa educación física les confería una clara ventaja. La única atleta cuyo nombre se ha conservado es Clorís, descendiente mitológica de Zeus, considerada la primera ganadora de los Juegos Hereos.
En los Museos Vaticanos se conserva una pequeña escultura de bronce que algunos identifican con Clorís o con una ganadora de los Juegos Hereos, debido a la similitud de su vestimenta con la descrita por Pausanias; otros creen que representa a una bailarina.