Introducción
El ser humano nunca ha tenido reparos en convertir a sus vecinos en carne picada durante la guerra; los animales que estaban a su disposición tampoco escaparon a la crueldad.
Perros, caballos, palomas, abejas o bestias de carga han participado en los conflictos a lo largo de la historia, e incluso los delfines se han utilizado recientemente.
Los elefantes de guerra
En la Antigüedad, una especie destacaba como verdadero "tanque viviente": el elefante. Se le revestía de armaduras, se le clavaban cuchillas en los colmillos y se le ataban cadenas al tronco para convertirlo en una máquina de asalto imponente.
El cerdo como arma inesperada
Para detener a estos colosales animales, algunos clásicos relatan que se recurrió a otro animal, mucho menos pensado: el cerdo. Según las crónicas, los gruñidos de los cerdos provocaban pánico entre los elefantes, haciéndolos romper la formación y perder el control.
Algunos relatos añaden un detalle espantoso: los cerdos eran incendiados y lanzados contra las filas enemigas, de modo que, envueltos en llamas, su sonido y su visión atemorizaban a los proboscídeos.
Ejemplos históricos
La veracidad de estos episodios es difícil de confirmar, pero varias fuentes antiguas los mencionan.
En su obra De rerum natura, Lucrecio (siglo I a.C.) habla del uso de animales salvajes, como leones y jabalíes, en la guerra. Plinio el Viejo, en su Historia natural (77 d.C.), afirma que los elefantes temen el sonido de los cerdos. Claudio Eliano, en De Natura Animalium, amplía la información indicando que los romanos emplearon tanto cerdos como carneros contra los elefantes de Pirro en 275 a.C.
Durante la campaña de Pirro, rey de Epiro, contra Roma, el cónsul romano Dentatus preparó una tropa de cerdos engrasados y encendidos que lanzó contra la columna de elefantes en la batalla de Malaventum (Benevento). Según la versión clásica, los arqueros romanos usaron flechas incendiarias, pero ambos relatos coinciden en que el incendio generó gran confusión entre los animales, obligándolos a retirarse.
Un relato anterior aparece en el Romance de Alejandro, atribuido erróneamente a Callisthenes, donde se dice que, en 266 a.C., los ciudadanos de Megara incendiaron cerdos recubiertos de resina y los lanzaron contra los elefantes de Antígono II Gonatas.
En la época bizantina, Procopio de Cesarea (siglo VI) narra que los defensores de Edessa bajaron un cerdo atado a una cuerda por las murallas para ahuyentar al elefante que los asediantes habían empleado.
Declive y legado
El uso de cerdos como arma, con o sin fuego, desapareció prácticamente al mismo tiempo que desaparecieron los elefantes de guerra. Existen menciones aisladas en la Edad Media: Carlomagno tendría un cerdo que llevó a Dinamarca, y Federico II lo empleó en la toma de Cremona, pero son anécdotas más que tácticas consolidadas.
En Asia, los elefantes continuaron en los ejércitos hasta el siglo XIV. Cuando Tamerlán se enfrentó a los indios en 1398, utilizó una variante del método: cargó balas de paja incendiadas sobre camellos y los precipitó contra los elefantes, o bien aprovechó el olor desconocido de los camellos para desorientarlos.