
Introducción
En la Francia del siglo XVIII la economía estaba dominada por la agricultura. La mayor parte de los 25 millones de habitantes del reino de Luis XVI vivía del campo, pero en una economía de subsistencia de baja productividad, sujeta a los vaivenes climáticos y a la demografía familiar.
Estructura económica y feudal
El sistema feudal había quedado desfasado: el señorío seguía imponiendo derechos señoriales sobre la producción de la tierra, aunque la protección que antes ofrecía el señor a sus vasallos había desaparecido. Los campesinos pagaban una multitud de impuestos al señor local, mientras que la noción moderna de propiedad‑administración aún no existía.
Desigualdad entre los estamentos
El diezmo destinado al clero y la exención de impuestos que disfrutaban los nobles acentuaban la distorsión económica entre el Tercer Estado —que representaba alrededor del 98 % de la población— y los dos estamentos privilegiados. Aunque gran parte de la tierra estaba en manos de pequeños propietarios, estos seguían sujetos a innumerables gravámenes señoriales.
Visión del orden social
La mayoría de los franceses aceptaba este orden como divino e inevitable. Cualquier razonamiento que defendiera la igualdad económica se consideraba una subversión pecaminosa. Por ello, las revueltas no atacaban la base del sistema, sino sus abusos y su aplicación.
Factores que provocaron la crisis
Hacia finales del siglo XVIII se combinaron varios factores críticos:
- Cosechas satisfactorias, salvo la mala de 1788, y una demografía en aumento.
- Un auge del comercio que favorecía a la burguesía urbana, mientras la inflación golpeaba a los trabajadores rurales.
- Una burguesía que aspiraba a los mismos honores que la nobleza, especialmente en el ejército.
- Una reacción aristocrática que buscaba recuperar privilegios perdidos.
- El auge de las ideas ilustradas que promovían la ley natural y la igualdad social.
- Intentos infructuosos de reformar las instituciones, una crisis financiera endémica y el creciente descrédito de la corte.
El colapso del Antiguo Régimen
Todos estos elementos dejaron al rey Luis XVI atrapado entre tensiones contradictorias. Incapaz de imponer su voluntad, optó por convocar, de forma precipitada, los Estados Generales, desencadenando el proceso que desembocaría en la Revolución de 1789.