Rutas comerciales de la Antigüedad
Las rutas comerciales de la antigüedad eran mucho más extensas de lo que suele imaginarse hoy y se desarrollaron en múltiples direcciones. Algunas iban al este, como la Ruta de la Seda, que se inició alrededor del siglo I a.C.; otra, conocida como la Ruta del Incienso, cruzaba el Cercano y Medio Oriente… La mayoría recorría el Mediterráneo, tejiendo una densa red mercantil, pero también existían itinerarios que vinculaban el mundo meridional con el nórdico, surcando el Océano Atlántico.
Un cartaginés poco conocido: Himilcón
Ese es el camino que siguió un casi desconocido cartaginés llamado Himilcón. Primero aclaramos que no es el mismo Himilcón que defendió Líbila (hoy Marsala, Sicilia) en la Primera Guerra Púnica ni el que luchó bajo Aníbal en la Segunda; el nombre, una helenización del púnico Chimilkât («hijo de la reina»), era bastante frecuente en Cartago.
Contexto histórico
El Himilcón del que hablamos vivió a mediados del siglo V a.C., cuando Cartago empezaba a consolidar su poder, ya independiente de Fenicia y rivalizando con los griegos por sus colonias en el Mediterráneo occidental. En ese periodo mantenían una relación amistosa con Roma, con la que firmaron un tratado que repartía sus respectivas zonas de influencia; a Cartago le correspondía el monopolio de la zona atlántica.
Ese dominio permitió a los navegantes púnicos establecer bases en la costa ibérica y atravesar el estrecho de Gibraltar, navegando más allá de los Pillares de Hércules.
Viajes cartagineses al Atlántico
El caso más famoso es el de Hanno, personaje también envuelto en dudas. Según Plinio el Viejo en su Historia Natural, Hanno comandó una flota que exploró y colonizó varios puntos de la costa oeste africana. El relato griego, conocido como Viaje de Hanno, describe cómo esos valientes púnicos llegaron al África ecuatorial, donde se toparon con “hombres extraños” que algunos interpretan como pigmeos y otros como gorilas.
La fecha exacta de ese viaje se sitúa entre los siglos VII y IV a.C., coincidiendo cronológicamente –dentro de un rango de unos doscientos años– con la expedición de Himilcón, quien, a diferencia de Hanno, navegó hacia el norte, bordeando la península ibérica y la costa francesa hasta llegar al Mar del Norte y desembarcar en las Islas Británicas.
Fuentes que relatan el viaje
El relato de Himilcón proviene del romano Rufo Festo Avieno, cónsul del siglo IV d.C., autor de Ora maritima, obra fragmentaria de 713 versos que describe la costa europea desde el norte hasta el Mar Negro. Avieno se basó principalmente en el Massaliota Periplo de Eutimenes de Massalia, una guía náutica que detallaba las rutas comerciales de fenicios y tartesios en la Edad del Hierro, conocidas como la ruta del estaño.
El Massaliota Periplo se ha perdido, pero el Ora maritima conserva parte de esa información, complementada con citas de autores como Euforo, Hecateo de Mileto, Helánico de Lesbos, Filón de Atenas, Escila de Caria, Pausímaco de Samos, Damasto de Sigea, Bacoris de Rodas, Euctemo de Atenas, Cleón de Sicilia, Heródoto de Tiro y Tucídides. Su descripción de la península ibérica fue utilizada por el arqueólogo alemán Adolf Schulten en su búsqueda de Tartessos.
En el Ora maritima se menciona a Himilcón, cuyo objetivo parecía ser el comercio de estaño, extraído de islas llamadas Casiterides o Strimnides, cuya ubicación exacta sigue sin conocerse.
Objetivos y desafíos del viaje
El estaño se utilizaba para la pátina de joyas de oro y, aleado con cobre, para producir bronce. También se buscaba contrarrestar el alto precio del plomo, metal con el que se soldaba el estaño y que estaba monopolizado por la colonia fosca de Marsella, la cual tenía su propia ruta al norte a través de la Galia. Cartago pretendía desplazar ese monopolio desde su colonia de Gadir (actual Cádiz).
Entre la referencia de Avieno y otro pasaje de Plinio el Viejo, los historiadores han podido reconstruir, aunque con notas de fantasía típica de la época (monstruos marinos, ausencia de viento, enormes bancos de algas y abismos colosales), el itinerario aproximado del viaje.
Itinerario propuesto
Según la reconstrucción, Himilcón habría zarpado de Cartago y cruzado el Atlántico alrededor del Cabo de San Vicente, siguiendo la costa lusitana hasta llegar a la llamada Finis Terrae, en la tierra de los oestrimnios, habitantes de la actual Galicia y el norte de Portugal, que mantenían su propia ruta marítima de estaño con el archipiélago británico, identificando las islas de Arousa o las Cíes con los enigmáticos Strimnides.
No existe evidencia arqueológica que confirme la existencia de esa “Finis Terrae”, y algunos investigadores la sitúan en la costa de la Bretaña francesa. Desde allí, Himilcón habría continuado por el Cantábrico, cruzado el Canal de la Mancha y arribado a las islas de Albión (Gran Bretaña) y, posiblemente, a Ierne (Hibernia, hoy Irlanda). En Cornualles, zona rica en minas de estaño, se dice que ancló.
El viaje duró aproximadamente cuatro meses de ida y cuatro de regreso. Algunas fuentes lo relacionan como hermano de Hanno, aunque los historiadores modernos son escépticos y consideran que lo más probable es que Himilcón se limitara a explorar hasta Cabo de San Vicente y no haya navegado más allá. En cualquier caso, ninguno de los dos navegantes cartagineses logró establecer rutas comerciales estables.
Conclusión
Himilcón representa una figura fascinante que ilustra la ambición cartaginesa de explorar el Atlántico mucho antes de la era de los descubrimientos. Aunque la evidencia concreta es escasa, su relato muestra la complejidad y el alcance de las redes comerciales de la antigüedad.