Contexto histórico
Desde el 24 de abril de 1915, el Imperio otomano inició una campaña de arrestos, deportaciones y masacres contra la población armenia, conocida como el genocidio armenio. Tras la Primera Guerra Mundial, la ciudad de Izmir (Esmirna) quedó bajo ocupación griega (1919) y, al ser recapturada por las fuerzas turcas el 9 de septiembre de 1922, se desató una masacre contra armenios y griegos que intentaban huir del puerto.
Decenas de miles de personas se agolparon en el muelle, mientras un incendio devastaba el barrio armenio. Muchos murieron aplastados por la multitud o se ahogaron al lanzarse al mar en busca de los pocos barcos anclados.
La intervención del Tokei Maru
En medio del caos, el capitán del Tokei Maru, un buque mercante japonés de 4.000 toneladas que venía cargado de sedas y porcelana desde El Pireo a Alejandría, tomó una decisión inusual. Ordenó tirar toda la mercancía al fondo del puerto, sacrificando una fortuna para crear espacio suficiente y embarcar a cientos de refugiados.
Así, 823 personas lograron subir a bordo y fueron trasladadas a salvo al puerto ateniense de El Pireo. El gesto fue especialmente valiente porque el capitán tuvo que resistir la presión de varios lanchas turcas que exigían la entrega de los refugiados. Amenazó que cualquier intento de fuerza sería considerado un ataque al territorio japonés y que informaría al Alto Comisario de Japón en Estambul.
Reacciones y testimonios
El capitán se negó a entregar a los refugiados y los soldados turcos se retiraron, probablemente influenciados por la referencia al Conde de Uchida, un alto funcionario japonés simpatizante de Mustafa Kemal. Testimonios de la esposa del profesor Birge (del Izmir International College), del consulado estadounidense y de la prensa griega de la época corroboran la nobleza de la acción japonesa.
Reconocimiento posterior
En el verano de 2016, la ciudad de Atenas entregó una placa al embajador japonés, Masuo Nishibayashi, en agradecimiento por el rescate. El nombre del capitán sigue siendo desconocido; sólo se sabe, por un periódico griego, que se llamaba Lou.