Historia antigua

Hace 5 000 años, los antiguos egipcios crearon el primer pigmento sintético: el azul egipcio

El valor del azul a lo largo de la historia

Desde tiempos inmemoriales el azul ha sido uno de los colores más apreciados, asociado a la realeza y lo divino por la dificultad de obtenerlo.

Orígenes de los pigmentos azules

Los pigmentos azules se usaron desde la antigüedad, aunque más tarde que otros como el rojo, negro o ocre, que aparecen en el arte paleolítico.

En Europa se obtenía del isatis (también llamado pastel grass), que produce una tintura índigo. En Asia y África el origen era la planta de índigo (Indigofera tinctoria), cuyo nombre alude al tono azul que genera.

Sin embargo, el azul más preciado provenía de minerales como el lapislázuli, escaso y caro. Los mayores yacimientos están en el Hindu Kush, Afganistán, y todavía se extraen con técnicas semejantes a las de hace más de 3 000 años. Desde allí se exportaba a Mesopotamia y al Oriente Medio para joyería y objetos de lujo.

El azul egipcio: el primer pigmento sintético

Los egipcios importaban grandes cantidades de lapislázuli para obtener azurita, el polvo que les daba el pigmento azul usado en sus obras. Su precio superaba, incluso en la Edad Media, al del oro por cuatro veces.

Ante este coste, alrededor del 3000 a.C. buscaron crear su propio pigmento. Desarrollaron una técnica que consistía en moler sílice, cal, cobre y una base alcalina, y calentar la mezcla a 800‑900 °C. El producto resultante es considerado el primer pigmento sintético de la historia.

Hace 5 000 años, los antiguos egipcios crearon el primer pigmento sintético: el azul egipcio

Por ello se le conoce como azul egipcio, nombre que se popularizó a principios del siglo XIX para diferenciarlo de otros pigmentos azulados.

Usos del azul egipcio

Los egipcios lo empleaban para pintar madera, papiro y lienzos, colorear esmaltes, incrustaciones y cerámica. Su uso más destacado era funerario: máscaras, estatuillas, pinturas murales y la tela que envolvía a las momias, pues creían que el azul protegía al difunto de los males del más allá.

La primera evidencia de su aplicación fue identificada por Lorelei H. Corcoran en un recipiente de alabastro fechado en la cultura Naqada III (c. 3200‑3000 a.C.) hallado en 1898 en Hieracómpolis, Alto Egipto. Ese objeto, que lleva la inscripción del llamado “Rey Escorpión”, se conserva en el Museum of Fine Arts de Boston.

En Hieracómpolis también se descubrió la tumba egipcia más antigua con pinturas murales y la primera colección zoológica de la historia.

Difusión y desaparición

El pigmento siguió fabricándose y utilizándose durante la Antigüedad, adoptado por griegos (incluso en las esculturas del Partenón) y romanos, hasta los últimos años del Imperio Romano de Occidente (c. 395 d.C.), cuando la técnica se perdió. Análisis de obras del siglo XVI mediante infrarrojo revelan rastros de su uso.

Ningún texto egipcio antiguo describe el proceso. El primer testimonio proviene del arquitecto romano Vitruvio (siglo I a.C.), quien en De Architectura lo llama coeruleum (cerúleo) y lo atribuye a una mezcla de arena, cobre y natron.

En la década de 1930, el arqueólogo Mahmud Hamza descubrió en Qantir, zona arqueológica al noreste del delta del Nilo identificada como el bíblico Ramsés, objetos vinculados a la producción del pigmento.

Recientes hallazgos de vasijas cerámicas con restos de azul egipcio en contextos de fundición de cobre, fabricación de vidrio y alfarería sugieren que Qantir fue un importante centro de producción.

Así, los antiguos egipcios no solo lograron industrializar un color extremadamente costoso y difícil de obtener, sino que la tecnología que emplearon precede a la del vidrio en al menos 1 500 años.