Historia antigua

Las cinco últimas batallas del Imperio Romano Occidental

Históricamente, el año 476 d.C. se señala como el fin del Imperio Romano de Occidente, con la deposición de su último emperador, Rómulo Augústulo. Este colapso no fue súbito; fue la culminación de un proceso evolutivo que comenzó siglos antes, durante el cual Roma se fue debilitando por causas externas e internas. Las legiones, aunque no inmunes a estos cambios, lucharon hasta el último momento, protagonizando lo que podemos considerar sus últimas batallas.

Desde la segunda mitad del siglo IV, surgió un nuevo modelo de relaciones basado en una economía rural cerrada y en asentamientos casi autosuficientes, muy distinto a la antigua hacienda esclavista. Este proceso sentó las bases del feudo y afectó al colonato, cuya esclavitud empezó a desaparecer por su alto coste. Los campesinos, de clase media y baja, buscaban constantemente evadir tributos, refugiándose en estos mini‑estados.

Las cinco últimas batallas del Imperio Romano Occidental

Para contrarrestar esa fuga, el Estado promulgó leyes que ataban a la población a la tierra, transformando las ciudades en fortalezas y debilitando el comercio. La falta de mercado hizo que la esclavitud volviera inviable y se favoreció el pago en especie, incluso para los soldados, que recibían parte de su salario en bienes. Así, muchos soldados quedaron bajo relaciones de servidumbre, y surgieron unidades privadas, generalmente de caballería, llamadas bucelarios.

El ejército también se reformó: se permitió la incorporación de bárbaros, sobre todo en el limes. Esto borró la distinción entre tropas de frontera y población local, y a menudo los bárbaros recibían permiso para asentarse bajo la fórmula del foedus. Los legionarios tardíos quedaron sujetos a relaciones serviles, acercándolos más al mundo medieval que al clásico, lo que limitó la defensa coordinada y los recursos disponibles.

Las cinco últimas batallas del Imperio Romano Occidental

El equipo militar se germanizó: el casco segmentado sustituyó a la galea, la cota de malla reemplazó al cuirassado de placas, el escudo redondo u ovalado desplazó al rectangular, la spatha superó al gladius y la lanza larga reemplazó al pilum, retomando la formación de falange. Estas adaptaciones no redujeron su efectividad; el verdadero declive surgió de la inestabilidad interna, guerras civiles y la falta de fondos para reponer tropas.

Aun así, el ejército romano siguió luchando hasta su último suspiro, protagonizando una serie de batallas que marcaron los últimos años del imperio. A continuación, repasamos las cinco más relevantes del siglo V.

Campos de Catalaunia (451 d.C.)

Flavio Aecio, a quien se suele llamar el último romano, fue la columna vertebral del Imperio Occidental en su fase final. Tras campañas exitosas en Galia (427‑429) contra francos y visigodos, alcanzó el cargo de magister militum. En 451, lideró una coalición de visigodos, francos, alanos y burgundios contra Atila en los Campos de Catalaunia (actual Châlons). Aunque el enfrentamiento terminó en un empate táctico, se considera una victoria romana porque obligó a los hunos a retirarse de Galia, aunque luego dirigieron su ira contra Italia. Aecio fue asesinado por el emperador Valentiniano III tres años después, quien temía su poder.

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Orleans (463 d.C.)

Tras los saqueos de Roma en 405 y 455, el emperador Avito intentó pactar con los visigodos, apoyado por su rey Teodorico II. Sin embargo, la política de apaciguamiento provocó su derrocamiento por el general Mayoriano, quien a su vez fue asesinado por Ricimero, el poderío militar germano que instaló a Libio Severo. Ricimero enfrentó al general Egidio, protégé de Mayoriano, quien proclamó su independencia en la Galia del norte con apoyo franco. La batalla de Orleans terminó con la derrota visigoda y la muerte de Federico, hermano de Teodorico.

Las cinco últimas batallas del Imperio Romano Occidental

Batalla naval de Cartago (468 d.C.)

Los vándalos, asentados en el norte de África con capital en Cartago, fueron objetivo de una expedición imperial liderada por el emperador León I de Oriente, en colaboración con el emperador occidental Majorizano. Se reunió una flota de más de mil naves y diez mil soldados bajo el cuñado de León, el general Basilisco. Sin embargo, Genserico, rey vándalo, utilizó naves incendiarias que provocaron una catástrofe: la mitad de la armada romana se perdió y la invasión fracasó. Basilisco sobrevivió, pero fue desterrado.

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Soissons (486 d.C.)

En la Galia, el último vestigio romano estaba bajo el mando del dux Afranio Siagrio, con capital en Novidunum (actual Soissons). Los francos sajones, liderados por Clodoveo I, avanzaban hacia el oeste. En la batalla de Soissons, los francos derrotaron a Siagrio, quien huyó y buscó refugio entre los visigodos de Alarico II. Clodoveo amenazó al reino visigodo, y Siagrio y su séquito fueron ejecutados. Con esta victoria, el Imperio Romano desapareció de la Galia, dando paso al Reino Franco.

Las cinco últimas batallas del Imperio Romano Occidental

Monte Badon (c. 490‑517 d.C.)

El Mons Badonicus, una colina de ubicación incierta en Britania, fue escenario de una batalla entre fuerzas romano‑británicas y invasores anglosajones. La única fuente contemporánea es Gildas, quien menciona al general romano Ambrosio Aurelio, posible inspiración del legendario Rey Arturo. Según el relato, los sajones del rey Aelle de Sussex atacaron la colina, pero fueron derrotados por las tropas romanas, que incluían una pequeña caballería sármata. La victoria frenó temporalmente las incursiones sajonas.