Introducción
El historiador griego del siglo I a.C., Diodoro de Sicilia, relata en su Bibliotheca historica una hazaña sorprendente: la construcción en Babilonia de un paso subterráneo bajo el río Éufrates, una proeza de ingeniería que no volvería a repetirse hasta el siglo XIX.

Semiramis y la leyenda
Según Diodoro, la obra se atribuye a la legendaria reina asiria Semiramis, una figura que también aparece en los escritos de Ctesias, Plutarco, Eusebio, Polieno y Justin. Heródoto la menciona como la creadora de los diques artificiales del Éufrates y, en general, muchos monumentos del Cercano y Medio Oriente fueron asociados a su nombre.
Algunos estudiosos identifican a Semiramis con Shammuramat, esposa del rey asirio Shamshi‑Adad V (824‑811 a.C.). Sin embargo, las fuentes indican que el túnel al que hacen referencia data de épocas mucho más antiguas, entre 2180 y 2160 a.C., por lo que su autoría real permanece en el terreno de la mitología.
Características del túnel
El pasaje tendría una longitud de 929 metros, una altura de 4,5 metros y una anchura de 7,5 metros, conectando el templo principal de Babilonia con el palacio real situado bajo el cauce del río. Diodoro asegura que su construcción se completó en 260 días, gracias a la creación de una presa temporal que desvió el agua mientras se erigía la estructura. Para evitar filtraciones, los muros interiores fueron impermeabilizados con betún o alquitrán, materiales abundantes en la región.

Fuentes históricas
El escritor romano Filóstrato, en su obra Vida de Apolonio de Tiana (250 d.C.), también menciona el paso subterráneo. Sin embargo, Heródoto habla de un puente y no de un túnel. Dado que la noción de "túnel" era desconocida en aquel tiempo, es probable que describiera la misma obra como un puente.
Si realmente existió el túnel, los textos indican que para la llegada de los persas en 539 a.C. ya estaba en desuso o colapsado.

Comparación con otras obras antiguas
Los babilonios podrían haber contado con la tecnología necesaria, aunque no se conoce con certeza. En la antigüedad existen otros túneles notables, como el túnel de Ezequías (701 a.C.) y el acueducto subterráneo de Eupalinos (538‑522 a.C.), que representan importantes logros de ingeniería.
Cerca de Babilonia, en la ciudad de Ngirsu, se descubrió lo que se cree es el puente más antiguo del mundo, construido aproximadamente al mismo tiempo que el túnel del Éufrates, hace unos 4 000 años.
Legado y descubrimientos modernos
Tras el túnel babilónico, no se volvió a construir un paso subacuático hasta 1824, cuando Marc Isambard Brunel diseñó y ejecutó el túnel bajo el río Támesis en Londres, con una longitud de 396 metros.