Una historia de amor que trasciende los milenios
Desde la Antigüedad, la literatura ha reutilizado y reinterpretado mitos que hablan de amores imposibles y trágicos. Uno de los más antiguos es el de Píramo y Tisbe, cuya versión más conocida proviene de la obra Metamorfosis de Publio Ovidio Nasón, escrita alrededor del año 8 d.C.
Orígenes del mito
El relato se sitúa en la antigua Mesopotamia, específicamente en la región de Asiria, bajo el reinado de la legendaria reina Semíramis (también conocida como Sammuramat, ca. 811‑808 a.C.). Ovidio no fue el primer autor en mencionar a los amantes; Gayo Julio Híginos, décadas antes, los incluyó en sus Fábulas. Sin embargo, los fragmentos que sobreviven de Híginos son escasos, por lo que la versión de Ovidio es la que ha perdurado.
La trama
Dos jóvenes vecinos de Babilonia, Píramo y Tisbe, se enamoran a pesar de la rivalidad de sus familias. Comunican su amor a través de miradas y gestos hasta que descubren una grieta en la pared que separa sus casas, lo que les permite hablar en voz baja.
Deciden encontrarse una noche junto al mausoleo de Nínos, bajo un fresno con una fuente. Tisbe llega primero, pero un león hambriento aparece y ella se refugia en una cueva cercana, dejando su velo atrás. El león se revuelca con el velo, manchándolo de sangre.
Al llegar Píramo, encuentra el velo ensangrentado y, creyendo que Tisbe ha sido devorada, se suicida con su daga, siguiendo la costumbre babilónica descrita por Ovidio.
Cuando Tisbe sale de su escondite y ve el cuerpo sin vida de su amado, se da cuenta de la tragedia. En su desesperación, también se quita la vida con la misma daga.
Variantes del relato
Existen versiones alternativas. Algunas narran que Tisbe no se suicida inmediatamente, sino que pasa un periodo de luto antes de hacerlo. Un mosaico romano del siglo II, descubierto en la Casa de Dionisio en Nea Paphos (Chipre), sitúa a los amantes en Cilicia, la costa sur de Anatolia, aunque aún bajo dominio babilónico.
Legado y adaptaciones posteriores
El mito de Píramo y Tisbe ha inspirado a innumerables autores: Geoffrey Chaucer lo mencionó en The Legend of the Good Women, Boccaccio lo retomó en el Decamerón>, y en la España del Siglo de Oro, Góngora lo defendió en su poema Ilustración y defensa de la fábula de Píramo y Tisbe. En el siglo XVI, Arthur Brooke tradujo la historia como The Tragicall Hystorie of Romeus and Juliet, que sirvió de base a William Shakespeare para escribir Romeo y Julieta (1591‑1597) y, más tarde, A Midsummer Night's Dream.
Así, la tragedia babilónica se convirtió en la esencia de la famosa rivalidad de los Montesco y los Capuleto, demostrando cómo un relato milenario puede resonar a lo largo de los siglos.