Introducción
En la historia militar existen casos de ejércitos que, hostigados durante su retirada, terminan diezmados o incluso aniquilados. Los británicos que abandonaron Kabul o la Gran Armada que regresó de Rusia son ejemplos célebres. Un episodio poco conocido, sin embargo, involucró a un general de Alejandro Magno y representa la única gran catástrofe del casi invencible ejército macedonio: Zopirión.
Orígenes y cargo
Poco se sabe del origen de Zopirión; su lugar y fecha de nacimiento son desconocidos. Aparece en la historia cuando Alejandro lo nombra gobernador de una zona del Mar Negro. El historiador romano Quintus Curtius Rufus lo describe como Thraciae praepositus (gobernador de Tracia, que hoy comprende el noreste de Grecia, el sur de Bulgaria y la parte europea de Turquía). Otro cronista, Justin, lo menciona como prefecto de Ponto, una antigua satrapía persa de la Capadocia septentrional.
La campaña contra los escitas
Desde su posición, Zopirión quiso obtener méritos y planeó una invasión a la Escitia. No está claro si actuó por orden de Alejandro o por iniciativa propia; Curtius Rufus afirma que lo hizo “pensando que, si no lo intentaba, sería tachado de indolente”.
En 331 a.C., tras la victoria macedonia en Gaugamela y la captura de Babilonia, Zopirión reunió unos treinta mil hombres y se dirigió hacia la gran estepa escita, que se extendía desde el Danubio hasta la cuenca del bajo Don. Los escitas, un pueblo nómada de origen iranio mencionado por Heródoto, habían alcanzado su apogeo a principios del siglo IV a.C., incluso fundando un reino al norte del Mar de Azov con capital en la zona hoy conocida como Crimea.
El asedio a Olbia
Zopirión rodeó el Mar Negro y sitió Olbia, una colonia de Mileto con unos cuarenta mil habitantes. La ciudad, privada de apoyo macedónico desde su caída en 334 a.C., tomó medidas extremas: liberó a sus esclavos, concedió ciudadanía a extranjeros y emitió billetes de cambio para financiar la defensa. Además, firmó una alianza con los escitas, cuya población constituía una parte importante de la propia Olbia.
Una tormenta destruyó la flota que debía reforzar al ejército, dejándolo sin suministros ni refuerzos. Obligado a levantar el asedio, Zopirión emprendió el regreso, pero su columna fue acosada continuamente por los escitas, que empleaban la táctica de golpear y retirarse rápidamente, evitando el combate directo.
Derrota y consecuencias
El constante hostigamiento redujo la fuerza macedonia hasta que los sobrevivientes alcanzaron el Danubio. Allí se toparon con los gétas y los triballos, tribus tracias que habían sido sometidas por Alejandro y que buscaban venganza. En el invierno de 331 a.C., Zopirión y su ejército fueron aniquilados en las estepas de Besarabia.
Antípatro informó a Alejandro mediante tres cartas: una sobre la victoria en Megalópolis, otra sobre la muerte del rey Epiro Alejandro Moloso, y la tercera describiendo la trágica suerte de Zopirión. Más tarde, el historiador romano Justin señaló que Alejandro ordenó tres días de luto por la muerte de su pariente.
Dos años después, Alejandro cruzó el río Jaxartes (actual Syr Darya) y se enfrentó a los escitas, que buscaban vengar la muerte del rey escita Ateas. La victoria macedonia en ese enfrentamiento reforzó su prestigio, aunque Alejandro no mostró interés en conquistar la Escitia y liberó a los prisioneros sin rescate.
Conclusión
La expedición de Zopirión constituye la única gran derrota del ejército macedonio bajo Alejandro Magno, demostrando los peligros de subestimar a los pueblos nómadas de la estepa euroasiática.