Historia antigua

Cuchillo‑daga modelo 16 “El Vengador de 1870”

Cuchillo‑daga modelo 16 “El Vengador de 1870”

Cuchillo‑daga modelo 16 “El Vengador de 1870”

La evolución de la guerra de movimiento a la guerra de trincheras obligó a adaptar las condiciones de combate. En la guerra posicional, y sobre todo en las trincheras, el combate cuerpo a cuerpo se volvió más frecuente, lo que generó la necesidad de equipar a los soldados con dagas.

Al principio, los propios combatientes fabricaban sus dagas a partir de bayonetas acortadas. Pronto, la industria francesa empezó a producir dagas de trinchera con hojas cortas y afiladas; el modelo que describimos es uno de esos ejemplares.

El regreso de la daga en la Primera Guerra Mundial

A principios de 1915, la guerra de trincheras provocó el resurgir de una arma casi olvidada: la daga. Los soldados necesitaban un arma corta y manejable para apuñalar, a diferencia de la bayoneta, cuya hoja larga (de 52 cm en el ejército francés, 52 cm y 37 cm en el alemán, 43 cm en el británico y apenas 25 cm en el austriaco) la hacía impráctica fuera del fusil.

En Francia existían dos tipos de dagas: las fabricadas íntegramente para el conflicto y las “bastardas”, hechas a partir de bayonetas reformadas.

Características del “Vengador de 1870”

Esta daga, conocida popularmente como “El Vengador de 1870” porque a veces llevaba grabado ese lema en la hoja, fue producida por varios talleres, entre ellos Besset de Thiers, Bourgade (con empuñadura de estilo chino), S.G.C.O. y otros.

  • Hoja doble filo, similar al modelo estadounidense MK‑1 fabricado en Francia.
  • Longitud total aproximada: 280 mm.
  • Peso: 150 g (215 g con funda).
  • Empuñadura de madera lisa, ligeramente ovalada, con excelente agarre.
  • Guarda ancha de 78 mm.
  • Funda de chapa metálica delgada con anilla para cinturón de 75 mm, ensamblada mediante remache.

Un punto débil es que la guarda tiende a aflojarse rápidamente; aunque se apriete la tuerca de fijación, la guarda y la anilla pueden moverse y producir ruido.

Uso prolongado y legado

El cuchillo permaneció en servicio durante toda la Gran Guerra y siguió utilizándose en la década de 1930, incluso por conductores de tanques Renault. En la Segunda Guerra Mundial, en 1940, fue distribuido a algunas unidades de la Brigada de Caza‑Cañones (B.C.C.).

Publicación anterior