Introducción
Hablaremos de una de las ciudades más antiguas de la historia —si no la más antigua— entendida como aquel asentamiento que ha sido habitado de forma ininterrumpida desde su fundación hasta la actualidad. Su nombre original era Gubla, poco conocido; en la Biblia se la menciona como Gebal, y hoy la conocemos por su nombre griego, Byblos, del cual deriva la palabra biblia, ya que allí se exportaba el papiro usado para los primeros textos sagrados.
Un destino turístico con encanto arqueológico
Byblos es, sin duda, el sueño de cualquier arqueólogo, pero también se ha convertido en un atractivo destino de verano. Tras los difíciles años de la guerra civil libanesa, el país vuelve a abrirse al turismo.
Los visitantes pueden disfrutar de sus playas, la gastronomía mediterránea de los pescadores locales, el puerto deportivo, numerosos locales de ocio, rutas de montaña cercanas, museos curiosos (uno de fósiles y otro de figuras históricas de cera) y el Festival Internacional de Música.

Patrimonio monumental y arqueológico
El conjunto de restos monumentales y arqueológicos, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, incluye:
- El templo de Baalat Gebal, dedicado a la diosa fenicia del mismo nombre.
- El Ain el‑Malik, una cisterna de veinte metros de profundidad a la que se accede por una escalera de caracol.
- El Templo de los Obeliscos, construido sobre una fase anterior.
- Una necrópolis con tumbas reales.
- Un teatro romano.
- Murallas medievales.
- Una catedral y un castillo cruzado del siglo XII.
- Una mezquita del siglo XVII.
Byblos se alza sobre una colina —su nombre fenicio y árabe (Jbail) lo indican— con vistas al mar. Su fundación se sitúa entre el octavo y el sexto milenio a.C., lo que la sitúa en el selecto club de ciudades habitadas continuamente, junto a Jericó, Argos o Luxor.

Antigüedad y cronología
La edad exacta de Byblos depende del momento que se considere: como ciudad organizada a partir del tercer milenio a.C., pero los estudios de datación revelan asentamientos anteriores: uno calcolítico (Edad del Cobre) alrededor de 5000 a.C. y otro neolítico alrededor de 7000 a.C.
Ya en la antigüedad se la describía como la ciudad más antigua del mundo. Así lo menciona Helenio Filó, erudito púnico nacido allí en tiempos de Nerón, quien tradujo al griego el texto de Sanjuniatón, que recopilaba leyendas cosmogónicas de Fenicia y Egipto.
Los primeros arqueólogos
El interés científico surgió a mediados del siglo XIX. En 1860, el francés Joseph Ernest Renan, investigando la vida de Jesús, buscó demostrar que Byblos era la biblia Gebal. Publicó sus hallazgos entre 1864 y 1874 bajo el título Mission de Phénicie.
Posteriormente, el egiptólogo Pierre Montet excavó entre 1921 y 1924 en busca de tumbas del Reino Medio, relatando sus descubrimientos en Byblos et l'Égypte (1928). Desde 1925 hasta el estallido de la guerra civil, el arqueólogo orientalista Maurice Dunand dirigió la misión francesa en el Líbano, aportando una estratigrafía que permitió delimitar la fase pre‑cerámica B (aprox. 8300‑6800 a.C.). Jacques Cauvin y Henri Victor Vallois ampliaron el conocimiento con herramientas de sílex y restos humanos; Henri de Cotenson y el emir libanés Maurice Chehab estudiaron cerámicas y enterramientos.

Desarrollo urbano y relaciones internacionales
El carácter urbano de Byblos, con arquitectura uniforme y bien planificada, surge alrededor del 3000 a.C., coincidiendo con el auge de la civilización cananea, que abarcaba desde Gaza hasta el río Orontes. Según la tradición de Sanjuniatón, la ciudad fue fundada por el dios Chronos, equivalente helénico del cananeo Baal.
Durante el Antiguo Reino de Egipto, Byblos se convirtió en una colonia egipcia que suministraba cedro para la construcción naval, mientras que Egipto le exportaba papiro. De aquí procede el epíteto “ciudad del papiro”, que dio origen al nombre griego.
La ciudad mantuvo estrechos lazos comerciales y políticos con Egipto hasta la caída de la Dinastía XX, cuando el poder egipcio decayó. A partir de entonces, los fenicios de Byblos se destacaron como inventores del alfabeto, proveedores de madera, productores de púrpura y vino, y establecieron una poderosa talasocracia con colonias en el norte de África, la península ibérica y las islas del Mediterráneo occidental.
Periodos posteriores
Byblos pasó bajo el dominio asirio y persa, luego fue conquistada por Alejandro Magno y se integró al Imperio romano y al cristianismo romano. En el siglo VII llegó el Islam, lo que interrumpió el comercio con Europa y, siglos después, desencadenó las Cruzadas. Durante los siglos XII‑XIII formó parte del condado de Trípoli, y más tarde fue anexada por los mamelucos al Imperio Otomano.

Tras la Primera Guerra Mundial, Byblos quedó bajo mandato francés junto con el resto del Líbano, que obtuvo su independencia en 1943. La ciudad prosperó en los años 60, sufrió la devastación de la guerra civil (1975‑1990) y, a día de hoy, muestra signos de recuperación y crecimiento.