Historia antigua

Celia Concordia, la última vestal de la antigua Roma

El fragmento que quedó del templo de Vesta

Uno de los rincones más emblemáticos del Foro Romano es el resto de la pared de la cella, rodeada por cinco columnas corintias que, apoyadas sobre un podio, sostienen los restos de un entablamento con friso y arquitrabe. Ese conjunto es lo que queda del antiguo templo de Vesta, custodio del fuego sagrado, cerrado en el 391 d.C. por el emperador Teodosio I cuando prohibió la religión pagana. Fue entonces cuando cesaron también las funciones de Celia Concordia, la última vestal.

Celia Concordia, la última vestal de la antigua Roma

Ubicación y origen del culto a Vesta

El templo de Vesta se encontraba bajo la colina Palatina, en el extremo oriental del Foro, frente a la Regia y cerca del templo de los Dioscuri (Cástor y Pólux). Vesta, hija de Saturno y Ops, hermana de Júpiter, Neptuno, Plutón, Juno y Ceres, era la diosa del hogar y la fidelidad, equivalente romano de la griega Hestia, pero con mayor relevancia.

Según la tradición, su culto fue instituido por el rey Numa Pompilio en agradecimiento por la intercesión que impidió que su abuelo Numitor matara a Rea Silvia, madre de los gemelos fundadores de Roma, Rómulo y Remo. Para atender el culto se creó una clase sacerdotal exclusivamente femenina, algo inusual en Roma: las vestales.

Celia Concordia, la última vestal de la antigua Roma

Funciones de las vestales

El fuego sagrado era la única representación de Vesta; su apagado se consideraba un presagio de desastre. La leyenda cuenta que la vestal Emilia, al quedarse dormida y apagar el fuego, imploró a Vesta su reavivamiento; la diosa aceptó y el fuego volvió a arder gracias a la túnica de Emilia que había quedado sobre las brasas.

Además de mantener el fuego, las vestales preparaban la mola, una papilla de pan sin levadura que se ofrecía a los dioses en el lararium durante fiestas como la Matralia, la Fornacalia o la Lupercalia. Custodiaban también el Paladio, una estatua de Atenea (Minerva) que, según la tradición, trajo a Roma Eneas, y guardaban los testamentos de ilustres romanos, como el de Julio César.

Organización y privilegios

Inicialmente había dos vestales; luego el número subió a cuatro y finalmente a seis. Todas debían ser hijas de patricios, bellas y vírgenes, y juraban mantener la castidad bajo pena de muerte. Vestían una palla sobre la túnica, una vitta (cinta que ataba sus seis trenzas), un sufibulum (velo de lana blanca) y una infula (cintas rojas colgantes).

Seleccionadas entre los seis y diez años por el pontifex maximus, se comprometían a treinta años de servicio (diez de aprendizaje, diez de labor y diez de enseñanza a sus sucesoras). El rito de iniciación incluía el corte del cabello y la suspensión de la niña de un árbol, símbolo de su independencia. Vivían en comunidad en el Atrium Vestae, edificio construido en el siglo II a.C. detrás del templo.

Sus privilegios superaban a los de la mayoría de las mujeres romanas: podían poseer y administrar bienes sin tutor, hacer testamento, liberar a presos condenados a muerte o a gladiadores derrotados, y cualquier agresión contra ellas era castigada con la pena capital.

Celia Concordia, la última vestal de la antigua Roma

La Vestalis Maxima

El colegio de las vestales estaba encabezado por la Virgo Vestalis Maxima (también llamada Summa Vestal), quien la representaba ante el collegium pontificum, el máximo cuerpo sacerdotal del Imperio, integrado por el Pontifex Maximus, el Rex Sacrorum y los flamines. Tres colegios adicionales coexistían: los augures, los quindecimviri sacris faciundis (custodios de las Sibilinas) y los epulones o septenviri (organizadores de banquetes y juegos).

La última Vestalis Maxima fue Máxima Celia Concordia, que asumió el cargo en el 384 d.C. No buscaba la fama, sino que su nombre quedó marcado por la duración de su mandato: 57 años, superando el récord de su predecesora Ocía, quien ocupó el puesto de 38 a.C. a 19 d.C.

Celia Concordia, la última vestal de la antigua Roma

El fin del paganismo romano

El cristianismo, surgido tres siglos antes, había crecido hasta abarcar hasta un cuarto de la población del Imperio. En 313 d.C. Constantino el Grande legalizó el cristianismo mediante el Edicto de Milán. El golpe definitivo llegó con Teodosio I, que en 380 d.C. emitió el Edicto de Tesalónica, declarando al cristianismo religión oficial del Imperio.

Tras la prohibición de sacrificios de sangre, la supresión de fondos a los cultos paganos y la clausura de templos, muchos edificios fueron demolidos para erigir iglesias cristianas. En este clima, el templo de Vesta fue cerrado en 391 d.C.; Celia Concordia y sus compañeras fueron desalojadas de la casa construida por Septimio Severo en el 191 d.C., que luego se convirtió en residencia de funcionarios y, siglos después, en sede papal.

Celia Concordia, la última vestal de la antigua Roma

El destino de Celia Concordia

Tras la clausura, Celia Concordia mantuvo su cargo durante tres años más, pero la situación política la obligó a renunciar. La tradición indica que vivió doce años más, convirtiéndose al cristianismo antes de morir, quizás por convicción y quizás bajo presión.

En el 384 d.C., al fallecer el patricio Vetio Agorio Pretexto, Celia había erigido una estatua en su honor; su viuda, agradecida, colocó una escultura de Celia en su jardín. Esa pieza fue descubierta durante el Renacimiento, pero se perdió nuevamente, lamentablemente privándonos del último testimonio visual de la última vestal.