Contexto histórico
Tras su victoria sobre Licinio (emperador oriental) en el 324 d.C., Constantino quedó como único gobernante del mundo romano, poniendo fin a la tetrarquía y convirtiéndose en el primer emperador que reinó sin compartir el poder desde Diocleciano.
La derrota y rendición de Licinio, hermano de Constantia (hermana de Constantino), se produjo en la antigua colonia griega de Bizancio, situada en la entrada del estrecho del Bósforo, un punto estratégico que controlaba la navegación entre Europa del Este, los Balcanes, el Egeo y el Mediterráneo.
Por esas razones, Constantino eligió Bizancio como su nueva capital tras los disturbios de 326 que le llevaron a abandonar Roma. En un principio había pensado en reconstruir Troya como centro del imperio, pero la posición de Bizancio lo convenció.
Construcción y diseño de la columna
La obra comenzó de inmediato, sin escatimar recursos. La ciudad se embelleció con obras de arte traídas de otras partes del imperio y con monumentos erigidos para la inauguración. Uno de ellos, la Columna de Constantino, estuvo terminada para el 328 d.C. y, el 11 de mayo de 330, cuando Constantino inauguró oficialmente la nueva ciudad bajo el nombre de Constantinopla, se situó en el centro del foro, donde aún se conserva.
Hoy la columna, conocida por los turcos como Çemberlitaş, se encuentra en la calle Yeniçeriler, en la antigua Mese, la vía principal de Constantinopla donde los emperadores celebraban sus triunfos. Es el único monumento que permanece de la fundación de la ciudad.
En su consagración, la columna estaba compuesta por varios tambores de porfido (provenientes de Heliópolis, Egipto) unidos por incrustaciones de bronce y apoyados sobre un pedestal decorado con relieves. Se estima que el número de tambores oscila entre 7 y 11. En la parte superior se alzaba una estatua de Apolo Helios, con una lanza en la mano izquierda y un globo en la derecha, tal como aparece en la Tabula Peutingeriana junto a la figura de Constantino.
La altura del fuste alcanzaba los 23,40 m; sumando la estatua, el monumento llegaba a unos 37‑40 m y, con la base, rondaba los 50 m, aproximadamente la altura del Coliseo romano.
Los detalles de la estatua son escasos. Las fuentes coinciden en que su cabeza llevaba una corona de siete rayos solares, posible intento de Constantino de sincretizar el culto solar con el cristianismo. Algunos relatos sugieren que la cabeza fue reemplazada por una que representaba al propio emperador, en consonancia con la inscripción: «A Constantino, que brilla como el sol…»
El pedestal cuadrado, de 8,35 m de lado, llevaba relieves y una inscripción (probablemente posterior) que decía: «Tú, Cristo, eres el creador y señor del mundo; a ti consagro esta ciudad que es tuya, y el cetro y poder de Roma. Protégela de todo daño».
Una de las caras de la base quedó plasmada en un dibujo de Melchior Lorck (1561). En él se observa un bajo relieve con Constantino en el centro, una figura femenina en un trono que podría representar a la diosa de Constantinopla, dos ninfas aladas que entregan ofrendas y dos personajes barbáricos, quizá persas o germánicos. No hay pruebas de que dicho relieve formara parte del monumento original.
Daños y restauraciones a lo largo de los siglos
En el año 416, 86 años después de su erección, un rayo golpeó la columna causándole graves daños. El emperador Teodosio II ordenó colocar anillos de hierro entre los tambores; esos anillos han sido sustituidos y renovados en diversas épocas.
Otro rayo la alcanzó en 1079 y, en 1106, una tormenta derribó la estatua y los tres últimos tambores. Alrededor de 1150, el emperador Manuel I Comneno la restauró y colocó una cruz en la cúspide, inscripción que aún se lee: «το θειον εργον ενθαδε φθαρεν χρονω καινει μανουηλ ευσεβης αυτοκρατωρ» (el piadoso Manuel reforzó el sagrado monumento, desgastado por el tiempo).
Los incrustados de bronce fueron saqueados por los cruzados en 1204 y la cruz fue retirada por los otomanos en 1453. En 1779 un terremoto provocó un incendio que quemó gran parte del entorno, de ahí el sobrenombre de «columna quemada». Durante las obras de restauración, la base y el primer tambor quedaron enterrados bajo una gruesa capa de mampostería, a unos 2,50 m bajo el nivel del suelo.
Leyenda y hallazgos arqueológicos
Una leyenda del siglo IX afirma que Constantino guardaba bajo la columna reliquias como el Paladio de Troya, el hacha de Noé, una astilla de la cruz de Jesús o los panes y peces del milagro. El teósofo danés Carl Vett excavó en 1929, pero no halló ninguno de esos objetos.
Sin embargo, descubrió el pavimento del antiguo foro a 2,33 m de profundidad y una cámara bajo la base, a 4,6 m, que algunos investigadores asocian con la capilla de Constantino mencionada por Constantino VII Porfirogéneta en su tratado De Ceremoniis (siglo X). Esa capilla se situaba en el lado norte del foro.
Los trabajos de restauración de la columna comenzaron en 1955 y se completaron a principios de la década de 2000.