Introducción
Cuando se piensa en los vikingos, la imagen de drakkars surcando el mar, guerreros con escudos y espadas, y gritos de batalla es casi icónica. Esa visión, aunque estereotipada, sigue fascinando gracias a la mitología pagana que ha inspirado la fantasía moderna. Sin embargo, la historia también muestra a vikingos que adoptaron el cristianismo y, como Sigurd I de Noruega, participaron en las Cruzadas.
La cristianización de Escandinavia
El cristianismo llegó a Escandinavia en el siglo IX mediante misioneros, pero su expansión fue lenta y violenta. Fue bajo el rey danés Harald Blåtand (c. 965) que la fe se arraigó en Dinamarca, y más tarde bajo su nieto Canuto se generalizó. En Noruega, la conversión se impuso desde la corona con los reyes Olaf Tryggvason y Olaf Haraldsson. Suecia, por su parte, no oficializó el cristianismo hasta 1008, bajo el rey Olaf Skötkonung, quien tuvo que destruir templos paganos y bosques sagrados para consolidar la nueva religión.
Sigurd Magnusson: origen y primeros años
Sigurd Magnusson nació alrededor de 1090, hijo del rey Magnus III de Noruega. Era el segundo de tres hermanos (Øystein y Olaf) y, al ser de madres distintas, cada uno tenía derecho a la sucesión. De niño acompañó a su padre en expediciones a las islas del norte (Orcadas, Hébridas, Isle of Man), donde recibió el título de jarl de Orcadas y, tras derrocar a los señores locales, se proclamó rey de esas islas, manteniéndolas bajo dominio noruego durante mucho tiempo.
En 1098 se desconoce si regresó a Noruega o permaneció en el extranjero. Cuatro años después, Magnus buscó una alianza matrimonial con la familia Dalcassian de Irlanda y, a los catorce años, Sigurd se casó con Bjaðmunjo, hija del rey irlandés Muirchertach Ua Briain. La unión les permitió controlar Ulster, pero la muerte de Magnus en 1103 deshizo el matrimonio y dejó a los hermanos gobernando conjuntamente.
La llamada a la Primera Cruzada
En 1095 el Papa Urbano II convocó la Primera Cruzada para liberar Jerusalén del dominio seléucida. Tras los primeros intentos fallidos, los cruzados europeos lograron tomar la ciudad en 1099 bajo el mando de Godfrey de Bouillon y su hermano Balduino.
En este contexto, Noruega decidió participar. En 1107 los hermanos Sigurd y Øystein acordaron que Sigurd lideraría la expedición, ya que contaba con mayor experiencia militar.
El viaje de Sigurd a Tierra Santa
Con poco más de cinco mil hombres (incluidos algunos esclavos prometidos libertad), Sigurd zarpó de Bergen en otoño de 1108 a bordo de "sesenta hermosos drakkars", según relata Snorri Sturluson. Pasaron el invierno en Inglaterra bajo la protección de Enrique I y, en primavera de 1109, cruzaron el Canal de la Mancha, bordearon Francia y llegaron a Santiago de Compostela para otro invierno.
En la costa ibérica se enfrentaron a un señor local que se negó a abastecerles; tomaron su castillo y, en un episodio marítimo, derrotaron a una flota pirata árabe que se incorporó a su contingente.
Continuaron su marcha por la Península, asaltando Sintra, Alcácer do Sal y varias islas menores (Formentera, Ibiza, Menorca), evitando Mallorca por sus fortificaciones. En Sicilia fueron recibidos por el joven conde normando Roger II.
En el verano de 1110 desembarcaron en Acre y se dirigieron a Jerusalén, donde el rey Balduino los recibió cordialmente. Sigurd se bautizó en el río Jordán y, junto a Balduino y el duque veneciano Faliero, participó en la conquista de Sidón, recibiendo como premio una reliquia de la Vera Cruz.
Regreso y legado en Noruega
Tras visitar Chipre y Constantinopla, Sigurd entregó la mayor parte del botín y la flota al emperador bizantino Alejo I y regresó a tierra firme. Solo un centenar de sus hombres lo acompañaron; el resto se quedó al servicio de la Guardia Varega.
El regreso duró tres años, pasando por varios reinos de Europa Central antes de llegar a Dinamarca, donde el rey Niels le proporcionó una nave para cruzar a Noruega. En 1111 se reunió con Øystein, quien había consolidado su poder y fortalecido la Iglesia. Tras la muerte de Øystein en 1123 y la de Olaf en 1115, Sigurd quedó como único monarca.
Estableció su capital en Konghelle, donde construyó un castillo y un templo (ya desaparecido) para la reliquia de la Vera Cruz. Impuso el diezmo e instituyó la diócesis de Stavanger. En 1123 lideró una expedición contra Småland, en Suecia, para sofocar una rebelión pagana.
En 1130, a los cuarenta años, murió enfermo en Oslo y fue enterrado en la catedral de San Hallvard. No dejó herederos varones legítimos; su hija Cristina heredó parte de su patrimonio, pero el trono pasó a Magnus, hijo ilegítimo de una concubina. La disputa sucesoria desencadenó una larga guerra civil que duró más de un siglo.
Conclusión
Sigurd I, conocido como Jórsalafari ("el que fue a Jerusalén"), se recuerda como el primer vikingo que cruzó al Levante en nombre del cristianismo, marcando una curiosa fusión entre la tradición guerrera nórdica y la fe cristiana.