Historia antigua

Cuando el cónclave tardó casi tres años en elegir al Papa, los ciudadanos derribaron el techo de la sala de deliberaciones

Un cónclave que se prolongó casi tres años

Cuando la multitud de fieles católicos se reúne en la Plaza de San Pedro a esperar la tan esperada fumata —el humo blanco que anuncia la elección de un nuevo pontífice, o el negro que indica que aún no hay acuerdo— la decepción suele ser general. En la mayoría de los casos el proceso se repite varias veces hasta que los cardenales logran un consenso. Pero nada se comparó con la situación vivida después de la muerte de Clemente IV en 1268: el cónclave permaneció sin un papa durante casi tres años, y sólo la presión de la ciudadanía cansada de la incertidumbre logró romper el estancamiento.

La profecía de Malachías de Armagh

Malachías de Armagh, arzobispo irlandés canonizado por el Papa Clemente III en 1190 por sus esfuerzos en reformar moralmente la Iglesia de Irlanda y combatir el paganismo, es conocido por una serie de supuestas profecías sobre los papas. En la llamada Profecía de los Papas describió una lista de 112 pontífices que ocuparían el trono de San Pedro hasta la supuesta destrucción de Roma. Los nombres no aparecen de forma clara ni ordenada, y los estudios modernos consideran que el texto fue modificado siglos después para ajustarse a la realidad histórica.

Cuando el cónclave tardó casi tres años en elegir al Papa, los ciudadanos derribaron el techo de la sala de deliberaciones

Entre los nombres citados se encuentra el críptico Anguineus vir (el Hombre Serpiente), que ha sido identificado con Gregorio X, cuyo escudo de armas, perteneciente a la familia Visconti de Milán, muestra a un hombre devorando una serpiente.

La inesperada llegada de Gregorio X

Teobaldo Visconti, su nombre real, nació en 1210 en Plasencia (Italia, Emilia‑Romagna) y, desde joven, siguió una vida religiosa que lo llevó a Lyon, Lieja y a pasar una temporada en Tierra Santa como legado papal durante las Cruzadas del VIII y IX. En 1271 se encontraba en San Juan de Acre, donde coincidió con Marco Polo y sus tíos, cuando recibió la sorprendente noticia: habían sido elegidos papas.

La noticia era extraordinaria por dos motivos. Primero, la Iglesia llevaba treinta y cuatro meses sin un pontífice, casi tres años desde la muerte de Clemente IV. Segundo, Teobaldo no era sacerdote, sino diácono‑arcaico, encargado de la administración catedralicia. Por ello tuvo que ser ordenado inmediatamente y, unos días después, consagrado obispo en Roma, adoptando el nombre de Gregorio X.

Divisiones entre los cardenales

El cónclave se había dividido en dos facciones irreconciliables: una francesa y otra mayoritariamente italiana. Los franceses apoyaban a Carlos de Anjou, rey de Sicilia y hermano de Luis IX de Francia, con la intención de fortalecer su influencia mediterránea; esta corriente se conocía como Pars caroli (Partido de Carlos). Los italianos, por su parte, formaban la Pars Imperii (Partido del Imperio), favoreciendo la alianza con el Sacro Imperio Romano Germánico y alineándose con los guelfos.

Cuando el cónclave tardó casi tres años en elegir al Papa, los ciudadanos derribaron el techo de la sala de deliberaciones

Dentro de la facción italiana había dos subgrupos: los seguidores del cardenal Giovanni Gaetano Orsini, que acabaron aliándose con los carolingios, y los que respaldaban al protodeacon Riccardo Annibaldi, que se unieron a los imperiales. La muerte del cardenal Rodolfo de Albano durante el cónclave redujo el número de electores a diecinueve, y en la segunda votación de 1271 dos cardenales más estaban ausentes por enfermedad.

Intervención popular y la regla Ubi periculum

El cónclave se celebró en la catedral de Viterbo, pues la tradición dictaba que la elección tuviera lugar donde había fallecido el papa anterior. La falta de avances generó un creciente malestar entre los habitantes, que, bajo la iniciativa del prefecto local Raniero Gatti y el podestá Alberto de Montebono, decidieron encerrar a los cardenales en el palacio episcopal (convertido en palacio papal) y mantenerlos clausi cum clave, alimentándolos solo con pan y agua.

Cuando el cónclave tardó casi tres años en elegir al Papa, los ciudadanos derribaron el techo de la sala de deliberaciones

Algunas fuentes atribuyen la medida a un cardenal que buscaba la inspiración del Espíritu Santo, o incluso a Carlos de Anjou, pero la consecuencia fue la creación de la norma Ubi periculum («En caso de peligro»). Este reglamento estableció la total reclusión, la limitación del número de sirvientes, la reducción progresiva de las comidas y la suspensión de salarios, con el objetivo de acelerar la elección y evitar futuros empates prolongados. La regla fue revocada y reinstaurada en distintas épocas según las circunstancias.

Para presionar aún más, la población derribó el techo del edificio, dejando a los cardenales expuestos a los elementos. Ante la presión de los monarcas europeos y la amenaza popular, los cardenales delegaron su autoridad a un comité de seis miembros (tres imperiales, dos orsinianos y uno annibaldi), excluyendo a los franceses. Ese comité eligió a Gregorio X, quien fue coronado el 27 de marzo de 1272 y, como nuevo pontífice, promulgó la regla Ubi periculum que aún influye en los procesos de elección papal.