Historia antigua

Dos princesas bizantinas que sorprendieron a Occidente con el tenedor

Hace unos años, unos amigos bengalíes me invitaron a cenar. Al sentarnos descubrí que había cuchillo, pero no tenedor. Comían con las manos y, siguiendo su ejemplo, yo también lo hice. En Occidente el tenedor parece tan natural que a menudo se da por sentado que ha estado siempre con nosotros, pero su historia es mucho más reciente y controvertida.

Los primeros tenedores: de la prehistoria a la Antigüedad

Los registros arqueológicos más antiguos provienen de la cultura Quija, en la región de Gansu, China (entre 2400 y 1900 a.C.). Allí se hallaron tenedores de hueso. En dinastías posteriores, como la Shang, aparecen versiones de metal. En la era Han, esculturas funerarias de Shaanxi ya muestran tenedores metálicos.

En el Mediterráneo, el tenedor también estaba presente, aunque principalmente como utensilio de cocina en el Antiguo Egipto. Los griegos y romanos lo utilizaban para pinchar y servir carne, no tanto para comer directamente.

El tenedor en el Imperio Bizantino

Desde el siglo IV, en el Imperio Romano de Oriente, el tenedor empezó a adquirir prestigio. Primero era un objeto de la alta nobleza, pero con el tiempo se difundió entre las clases más bajas. Desde Constantinopla, su uso se extendió hacia dos direcciones: al este, hacia Persia, y al oeste, hacia Europa.

Dos princesas bizantinas que sorprendieron a Occidente con el tenedor

En Persia, el barjyn apareció en el siglo IX y, en menos de un siglo, se había generalizado en todo el Oriente Medio.

La primera princesa bizantina que introdujo el tenedor en Occidente

La primera llegada al mundo occidental la protagonizó Theophano Skleraina, nieta del emperador bizantino Niceforo II y esposa del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Otto II. En 972, al llegar a Roma para casarse, trajo un magnífico ajuar que incluía decenas de tenedores de marfil y metales preciosos. En el banquete de su boda utilizó el tenedor, dejando a la corte romana boquiabierta.

Dos princesas bizantinas que sorprendieron a Occidente con el tenedor

Su gesto fue tan impactante que, poco después, otro personaje recibió la misma reacción, pero esta vez con críticas abiertas que lo calificaron de extravagancia.

La segunda princesa bizantina: Teodora Ana Ducena

En 1075, la princesa Teodora Ana Ducena, hija del emperador Constantino X Ducas, llegó a Venecia para casarse con el dux Domenico Selva. Su pompa era tal que, entre sus caprichos, se negó a tocar la comida con las manos y utilizó un tenedor de oro que sus eunucos le habían preparado.

Este ostentoso utensilio provocó la ira del monje san Pedro Damián, quien lo tildó de "instrumento de excesiva delicadeza" y "instrumento del diablo". La leyenda, aunque anacrónica (Pedro Damián murió antes de la boda), refleja la resistencia que el tenedor encontró en la Europa medieval.

El tenedor se consolida en Italia y Francia

En Italia, el tenedor de dos puntas reemplazó al de madera y pronto se adoptó el modelo de tres puntas, más práctico para pasta y spaghetti. Cada invitado debía llevar su propio tenedor, guardado en una pequeña caja llamada cadeneta, costumbre que cruzó los Alpes.

En 1533, la boda de Catalina de Medici con Enrique II de Francia incluyó el uso del tenedor como símbolo de sofisticación. Catalina, que había sufrido retrasos matrimoniales, impulsó su uso en los banquetes y hasta lo empleó para rascarse la espalda.

El rey Carlos V, al regresar de Venecia, introdujo el tenedor en la corte francesa. Aunque su afición fue vista con sospecha por sus contemporáneos, la herramienta se fue arraigando lentamente, coexistiendo con la tradición de comer con las manos hasta el siglo XVIII.

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Difusión y resistencia en el resto de Europa

En Portugal, la infanta Beatriz, madre de Manuel I, introdujo el tenedor a mediados del XV. En España, los reyes de la Casa de Austria lo usaron esporádicamente; Enrique de Villena ya describía un utensilio de tres puntas en su tratado de 1423.

En el norte de Europa la aceptación fue más lenta. En Inglaterra y Suecia se consideraba un objeto femenino; en Dinamarca la Iglesia lo rechazó alegando que Cristo comía con las manos. El primer registro inglés data de 1611, en el libro de Thomas Coryat, donde describe el tenedor como "fork-bearer" (portador de tenedor) y lo asocia con la palabra "scoundrel".