Un manuscrito confuso y fascinante
Hace tiempo publicamos un artículo sobre la traducción problemática del comienzo del famoso poema Beowulf. Esta obra épica medieval, basada en una antigua leyenda anglosajona, forma parte de los dos volúmenes que conforman el llamado Cotton MS Vitellius A XV. En concreto, el poema se encuentra en el segundo tomo, conocido como Nowell Codex o, de forma más popular, «Manuscrito de Beowulf».
¿De qué trata Beowulf?
Beowulf es un héroe gauta, sobrino del rey de Götaland (un reino germánico del sur de Suecia). Viaja a la isla danesa de Zelanda con catorce guerreros para enfrentarse a Grendel, un ogro que asola los dominios del rey Hroðgar porque detesta la música y el baile de sus fiestas. Beowulf logra matarlo y también derrota a su madre, una criatura aún más temible. Sus hazañas le hacen tan famoso y rico que acaba sucediendo a su tío en el trono. Décadas después debe combatir a un dragón feroz; lo vence, pero pierde la vida en la pelea.
Otros textos del Nowell Codex
El Nowell Codex no solo alberga Beowulf. El primer manuscrito del conjunto contiene una traducción de las Soliloquios de San Agustín, encargada por Alfredo el Grande, así como traducciones del Evangelio de Nicodemo (un texto apócrifo conocido también como Actos de Pilato), fragmentos en prosa de Salomón y Saturno y un fragmento de la vida de San Quintín.
El segundo manuscrito es igualmente variado: incluye la vida de San Cristóbal, los Maravillas del Oriente (un bestiario del siglo X escrito en dialecto merciano), una traducción de la carta de Alejandro a Aristóteles, el poema Beowulf y un fragmento poético del Libro de Judit. Los copistas se identifican como Scribe A (autor de la mayor parte) y Scribe B (responsable de la sección de Beowulf), diferenciándose por el uso de tipografías: la primera emplea una letra cuadrada, la segunda una más redondeada.
Eclecticismo y significado
El carácter ecléctico del Nowell Codex ha generado controversia. Cuatro de los textos del segundo volumen presentan tonos fantásticos o tratan de monstruos y conductas aberrantes, lo que sugiere la existencia de un liber monster: una combinación clásica de entretenimiento y enseñanza. Por ejemplo, los "dontres" –seres caníbales que atraen a sus víctimas con palabras engañosas y luego devoran sus cabezas– recuerdan a la madre de Grendel.
Las interpretaciones son variadas: algunos ven a los monstruos como símbolos del «otro», quienes no se adaptan a las leyes anglosajonas; otros los interpretan como metáforas sexuales; y hay quienes establecen paralelismos entre los conopenae (criaturas con cabeza de perro) y San Cristóbal, protagonista del primer texto del segundo volumen. Los expertos sospechan que el códice originalmente contenía aún más obras, que se perdieron debido a los daños causados por insectos.
Historia del incendio del siglo XVIII
En el siglo XVIII el manuscrito, llamado Nowell Codex por su primer propietario conocido, Lawrence Nowell, formaba parte de la Biblioteca Cotton, una colección privada del anticuario Sir Robert Bruce Cotton. Cotton le asignó el número XV y lo colocó junto a una estatua del emperador romano Vitelio, de ahí el nombre Cotton Vitellius A XV.
En 1702, setenta años después de la muerte de Nowell, su nieto donó la colección al Estado, sentando las bases de la actual British Library. La biblioteca se alojó en Ashburnham House, edificio de la Westminster School en Londres, que en 1731 sufrió un gran incendio. El fuego, y el agua utilizada para apagarlo, destruyeron innumerables manuscritos y documentos.
El Nowell Codex sobrevivió, pero quedó gravemente dañado: los bordes de sus páginas se carbonizaron y gran parte del texto se volvió ilegible. No fue restaurado hasta el siglo XIX, cuando ya mostraba serias pérdidas y deterioros deliberados.
Investigaciones modernas
Hoy en día, técnicas como la iluminación ultravioleta permiten leer algunos de los fragmentos quemados. Se han publicado varias transcripciones, aunque no hay consenso debido a diferencias con los estudios previos realizados por el erudito islandés Grímur Jónsson Thorkelin (1786‑1787) y, mucho antes, por el filólogo alemán Franciscus Junius el Joven (1621‑1651). La edición de Junius es particularmente valiosa porque se hizo antes del incendio y contiene pocos errores.