Una grieta que cuenta una historia
La pirámide de Mycerinos, la más pequeña del complejo de Guiza, presenta una fisura vertical en su cara norte, justo encima de la entrada. Esa grieta no es natural: es la marca dejada por el intento de desmantelar la pirámide llevado a cabo por los musulmanes del siglo XII, proyecto que abandonaron al comprender la inmensidad de la obra.
¿Quién era Mycerinos?
Mycerinos es la forma hispanizada de Mykerinos, la versión helenizada del nombre del faraón Menkaura, hijo de Kefrén y nieto de Keops. Reinó durante 28 años (2514‑2486 a.C.) y, a diferencia de sus predecesores, eligió una pirámide para su sepultura en lugar de una mastaba. La estructura, conocida como Netjer‑er‑Menkaure ("Menkaura es divino"), medía originalmente 65,5 m de altura y 108,5 m de lado en la base, con un volumen de 235 183 m³. Estaba revestida de piedra caliza blanca de Tura, hoy casi desaparecida, lo que reduce su altura actual a 61 m.
Al‑Aziz Uthman: el sultán ambicioso
Al‑Aziz Osman bin Salah‑ad‑Din Yusuf, hijo del famoso Saladino, nació en El Cairo en 1171. Tras la muerte de su padre en 1193, el imperio ayubí se dividió entre los hijos de Saladino; a Al‑Aziz le tocó Egipto. Deseoso de demostrar su poder y borrar símbolos paganos, ordenó la demolición de la pirámide de Mycerinos, la más fácil de las tres.
El método consistía en introducir cuñas y palancas para hacer caer los bloques, arrastrarlos con cuerdas y reutilizarlos como cantera. En la práctica, los obreros lograban mover apenas dos bloques al día; los enormes bloques caídos quedaban medio enterrados en la arena, lo que obligaba a romperlos en pedazos, una tarea aún más lenta.
El fracaso y la muerte de Al‑Aziz
Después de ocho meses, la única obra realizada era la grieta en la cara norte. Ante la imposibilidad técnica, Al‑Aziz abandonó el proyecto. Sólo un año después, en 1198, murió tras una caída de su caballo durante una cacería. Su hijo de 12 años, Al‑Mansur Mohammed, quedó bajo la regencia de su tío Al‑Afdal, y la pirámide quedó intacta.
Legado
La grieta sigue siendo testimonio de un episodio poco conocido de la historia medieval, donde la ambición política y religiosa chocó con la ingeniería de la antigüedad. La pirámide de Mycerinos, a pesar del intento de destrucción, sigue en pie como símbolo perdurable del legado faraónico.