Introducción
Hace unos meses publicamos la historia del SMS Emden, el crucero de la Armada Imperial Alemana que se convirtió en una pesadilla para los aliados en el Océano Índico hasta que el HMS Sidney lo derribó. El SMS Dresden, hermano gemelo del Emden, vivió una aventura igualmente fascinante y, sobre todo, un misterio que sigue alimentando la imaginación de buscadores de tesoros.
Construcción y primeras pruebas
Lanzado en Hamburgo el 1 de octubre de 1907, el Dresden era un crucero ligero de 118,3 m de eslora, 13,4 m de manga y 5,55 m de calado, con un desplazamiento máximo de 4.268 toneladas. Su armamento incluía doce cañones de 105 mm, ocho de 52 mm y dos tubos de torpedos. A diferencia de su hermano Emden, el Dresden estaba propulsado por turbinas a vapor que accionaban cuatro hélices, permitiéndole alcanzar los 28 nudos.
Los primeros días de vida del buque estuvieron marcados por incidentes: colisionó con un barco sueco durante las pruebas de mar, lo que retrasó su puesta en servicio seis meses, y un problema en una turbina añadió otros cuatro meses de demoras.
Servicio antes de la guerra
El Dresden representó a Alemania en la Hudson‑Fulton Celebration de Nueva York y, durante dos años, participó en ejercicios navales con su escuadrilla. En una de esas maniobras chocó con el SMS Königsberg. En 1913 fue asignado a la División del Mediterráneo, donde permaneció varios meses antes de volver al astillero para una reforma.
Justo cuando la tripulación se preparaba para regresar al Adriático, recibió la orden de desplazarse a México para proteger los intereses alemanes durante la Revolución. Acompañado por los buques Hertha y Bremen, transportó a ciudadanos alemanes y colaboró en el rescate de mil estadounidenses atrapados en Veracruz, además de facilitar la llegada de armas para el presidente Victoriano Huerta.
La Primera Guerra Mundial y la fuga a Sudamérica
Al estallar la guerra, el capitán Fritz Lüdecke, un artillero de origen polaco, tomó el mando. Tras una breve operación en Brasil, donde capturó el buque mercante británico SS Drumcliffe, el Dresden se dirigió al Pacífico para unirse a la escuadra del vicealmirante Maximilian Graf von Spee, compuesta por los acorazados Scharnhorst y Gneisenau y el crucero ligero Nürnberg.
El 1 de noviembre de 1914 tuvo lugar la Batalla de Coronel, donde la escuadra alemana hundió al HMS Good Hope y al HMS Monmouth. El éxito aleatorio obligó al Reino Unido a enviar reforzamientos bajo el vicealmirante Frederick Doveton Sturdee.
Derrota en las Islas Malvinas y la huida del Dresden
El 8 de diciembre, la escuadra de von Spee intentó atacar la base británica de Puerto Stanley. La superioridad británica, con los acorazados HMS Invincible y HMS Inflexible, y los cruceros HMS Kent y HMS Glasgow, provocó la aniquilación de Scharnhorst, Gneisenau, Leipzig y Nürnberg. Solo el Dresden logró escapar gracias a la velocidad de sus turbinas y se internó en los canales de la Patagonia chilena.
Sin posibilidades de volver a Alemania y con el suministro de carbón menguante, el capitán Lüdecke intentó cruzar el Pacífico. En marzo de 1915 ancló en el archipiélago Juan Fernández, donde fue descubierto el 14 de ese mismo mes por una escuadra británica formada por HMS Kent, HMS Orama y HMS Glasgow.
El hundimiento y el misterio del tesoro
Incapaz de combatir, Lüdecke envió al teniente Wilhelm Canaris a negociar, pero la petición fue ignorada y comenzó el bombardeo. Ante la imposibilidad de defenderse, el capitán ordenó abrir las válvulas de las calderas y detonó la magazine, hundiendo el crucero. La tripulación quedó internada, salvo tres desertores, entre ellos Canaris.
El naufragio yace a medio kilómetro de la costa, en la bahía de Cumberland, a unos 60 m de profundidad. Los buzos han recuperado objetos como la campana de bronce, pero el verdadero foco de la leyenda es el supuesto tesoro: efectivo, joyas y objetos de valor de alemanes residentes en México, así como una gran cantidad de monedas de oro chinas procedentes de Tsingtao.
Según testimonios de la colonia alemana de Puerto Montt, el Dresden habría buscado refugio en el estrecho fjord de Quintupeu, entre acantilados de 600 m de altura, y antes de partir habría arrojado un gran baúl al agua. La naturaleza de su contenido sigue siendo un enigma; los cazadores de tesoros que han intentado localizarlo hasta hoy no han obtenido resultados concluyentes.
Conclusión
El SMS Dresden combina una heroica odisea naval con un misterio que alimenta la imaginación de historiadores y aventureros. Ya sea que el tesoro repose en el fondo del fjord o haya sido recuperado antes del hundimiento, la historia del crucero sigue siendo una de las más intrigantes de la Primera Guerra Mundial.