El inesperado vínculo entre Rolex y la Gran Evasión
En 2007 se subastó un Rolex Oyster 3525 cronométrico junto con algunas cartas, alcanzando los 66.000 libras. Seis años después se descubrió que otro modelo idéntico se vendió por 60.000 libras. El primero había sido encargado por el cabo Clive James Nutting y su correspondencia con el director de Rolex en 1943; el segundo perteneció al teniente Gerald Imeson, también prisionero en Stalag Luft III, cuyo reloj apareció en la película The Great Escape (1963).
Rolex: más que un reloj de lujo
El Rolex fue el primer reloj en llegar a la cima del mundo, en la muñeca de Tenzing Norgay en el Everest, y también acompañó la inmersión al Trinch Trench del baño esférico de Piccard. Es cronómetro oficial de Wimbledon y el reloj predilecto de James Bond, sinónimo de precisión y elegancia.
Sin embargo, una de sus anécdotas más sorprendentes es su papel en la fuga de Stalag Luft III, el campo de prisioneros de oficiales de la RAF durante la Segunda Guerra Mundial.
La fuga de Stalag Luft III
El 24 de marzo de 1944, los guardias se percataron de que 76 pilotos aliados escapaban a través de tres túneles excavados bajo el campo. El túnel principal, llamado "Harry", medía 102 metros, contaba con iluminación eléctrica y un sistema de ventilación. Un error de cálculo provocó que el túnel quedara corto de la cerca de alambre de púas, lo que permitió a los guardias descubrir la fuga. La Gestapo capturó a la mayoría de los escapistas, ejecutando a 50 de ellos en represalia.
La iniciativa humanitaria de Hans Wilsdorf
Al inicio de la guerra, los pilotos británicos compraban relojes Rolex para reemplazar los que recibían como equipamiento estándar. Cuando eran derribados y capturados, sus relojes eran confiscados por los alemanes. Con miles de Rolex incautados, el fundador de la marca, Hans Wilsdorf, decidió actuar.
Wilsdorf, nacido en Baviera pero radicado en Londres, había trasladado la empresa a Ginebra durante la Primera Guerra Mundial. En 1944, ofreció reemplazar gratuitamente todos los relojes confiscados y pospuso el pago hasta el fin del conflicto. Los prisioneros solo necesitaban enviar una carta a través de la Cruz Roja describiendo la pérdida y la ubicación del campo.
Esta medida no solo devolvió los relojes a sus dueños, sino que elevó la moral de los prisioneros, quienes percibieron la acción como una señal de que la guerra terminaría pronto y con la derrota alemana.
El caso del cabo Clive James Nutting
Entre los que solicitaron la reposición estaba el cabo Clive James Nutting, del Royal Corps of Signals, capturado en Dunkirk en 1940. El 10 de marzo de 1943 pidió un Oyster 3525 de acero inoxidable, cuyo precio era de 1.200 libras. Nutting afirmó que podía pagarlo con los ingresos obtenidos trabajando como zapatero en los campos.
Cuatro meses después recibió el reloj junto con una carta de Wilsdorf que le eximía del pago hasta el fin de la guerra y le pedía disculpas por el retraso, debido a la gran cantidad de pedidos similares.
Lo que Wilsdorf desconocía era que Nutting estaba organizando la gran fuga del campo. El cronometrador Oyster 3525 se utilizó para sincronizar los horarios de los patrullajes de guardia, los focos de búsqueda nocturna y el ritmo de entrada al túnel, evitando congestiones.
El papel del Rolex en la fuga
El reloj permitió a los prisioneros medir con precisión los intervalos entre los pasos de los guardias y calcular el tiempo disponible para avanzar por el túnel. Aunque la fuga no tuvo éxito total por la longitud insuficiente del túnel "Harry", el Oyster 3525 cumplió su misión de cronometrar cada fase del plan.
Después de la guerra
Nutting e Imeson sobrevivieron a la represión de la Gestapo y a la guerra, pues no formaron parte de los que intentaron escapar. Nutting, quien más tarde asesoró la película The Great Escape, falleció en 2001. Tras su muerte, su reloj y la correspondencia fueron subastados. Cuando se le envió la factura, el precio era de 15 libras 12 chelines 6 peniques, la misma cantidad que pagó Imeson, debido a las dificultades de mover divisas extranjeras después del conflicto.
Para Rolex, la iniciativa de Wilsdorf se tradujo en una publicidad inesperada entre las tropas estadounidenses que llegaban a Europa, abriendo un nuevo mercado en los Estados Unidos y consolidando la reputación de la marca.