Antecedentes
Hace algún tiempo explicamos cómo se desarrolló la Batalla de Attu, donde estadounidenses y canadienses se enfrentaron a los japoneses en una de las Islas Aleutinas. Aunque parecía un punto sin importancia, Attu tenía un valor estratégico considerable: servía como base para que los aviones japoneses bombearan territorio estadounidense y, sobre todo, formaba parte del plan del Alto Mando japonés para conquistar las Islas Midway, para lo cual necesitaban una maniobra de distracción que alejara a la Marina de EE. UU.
El 3 de junio de 1942, una fuerza compuesta por los portaaviones Ryujo y June, los cruceros pesados Maya y Takao, los acorazados Ise, Fuso y Yamashiro y el crucero ligero Abukuma inició el bombardeo de las Islas Aleutinas, desembarcando primero en Kiska y al día siguiente en Attu. La resistencia estadounidense fue mínima, pues hasta entonces los aliados no habían considerado esas islas como prioritarias.
En agosto, los primeros bombardeos estadounidenses cayeron sobre posiciones japonesas en la Isla Adak. Meses después, la victoria del almirante McMorris sobre el vicealmirante Boshirō Hosogaya en la Batalla de las Islas Komandorski cortó la ruta de suministro japonesa. El 11 de mayo comenzó la Operación Landcrab (Cangrejo), un desembarco que, pese a las duras condiciones climáticas, fue avanzando lentamente contra defensores que, al agotar su munición y sin esperanzas de refuerzos, lanzaron un ataque suicida que acabó con la mayor parte de sus tropas, incluido su coronel Yasuyo Yamasaki.
La ocupación de Kiska y su evacuación
Attu fue recuperada, pero Kiska había sido ocupada casi un año antes por alrededor de quinientos marines bajo el mando del capitán Takeji Ono, prácticamente sin resistencia, pues solo había una pequeña estación meteorológica defendida por una docena de soldados. Curiosamente, el suboficial William C. House logró escapar y permaneció escondido en condiciones extremas durante casi dos meses; el hambre (solo comía plantas y gusanos) y el frío ártico lo dejaron con apenas 36 kg de peso antes de rendirse.
Con la caída de Attu y la imposibilidad de mantener una posición aislada, los japoneses bajo el mando de Kiichiro Higuchi evacuaron Kiska. El plan para capturar Midway había fracasado, el arquitecto del proyecto, el almirante Yamamoto, había muerto, y el 28 de julio de 1943 los últimos nueve hombres abandonaron la isla bajo una densa niebla, sin que el enemigo se diera cuenta.
Un avión B‑24 Liberator que sobrevoló la zona detectó los barcos japoneses, aunque no identificó que estaban retirando tropas. Por eso, la fuerza destinada a la reconquista –formada por unidades de la 7ª División de Infantería de EE. UU. y la 13ª Brigada de Infantería de la 6ª División Canadiense– esperaba una fuerte resistencia.
Operación Cottage
La campaña para recuperar Kiska recibió el nombre de Operación Cottage. Lo primero que ocurrió fue un bombardeo de dos semanas sobre una isla completamente vacía, mientras los cañones antiaéreos, que habían estado activos, guardaban un silencio mortal.
El desembarco se realizó el 15 de agosto desde dos puntos opuestos de la costa, cada uno asignado a una nacionalidad. No había oposición, pero una densa niebla se mantuvo durante dos días, provocando una enorme confusión. Las tropas estadounidenses y canadienses se confundieron mutuamente, creyendo que el otro era el enemigo, y se dispararon entre sí. El resultado fue 28 muertos estadounidenses y 4 canadienses, además de numerosos heridos.
En total, la Operación Cottage dejó 313 bajas, de las cuales 92 fueron mortales. Aunque no había soldados enemigos en tierra (salvo algunos perros hambrientos, entre ellos Explosion, la mascota del destacamento norteamericano que los japoneses habían cuidado), el mar sí fue escenario de tragedias.
La Marina estadounidense ganó todas las escaramuzas navales alrededor de Kiska, salvo el curioso caso del USS Grunion, que en el verano de 1942 se hundió tras lanzar un torpedo que, por un fallo, volvió sobre su propio casco.
El hecho más trágico ocurrió a bordo del destructor Fletcher USS Abner Read. Mientras patrullaba la zona la noche del 17 de agosto, una fuerte explosión –probablemente por colisión con una mina– arrancó la popa del buque, que se hundió causando 70 muertos y 47 desaparecidos. El barco fue posteriormente reflotado y enviado a Washington para reparaciones; volvió a servir el año siguiente en acciones menores en Nueva Guinea y, de forma indirecta, en la Bahía de Leyte, donde fue finalmente hundido por un ataque kamikaze.
Conclusión
Esta extraña batalla muestra cómo, a veces, la guerra se vuelve tan absurda que los combatientes pueden infligir bajas al enemigo sin disparar un solo tiro. Como decía Clemenceau, la guerra es un asunto demasiado serio para dejarlo solo en manos de los militares.