Introducción
«La política hace extraños compañeros de cama» es una frase atribuida a Winston Churchill que también se aplica a la guerra. Clausewitz afirmaba que «la guerra es la continuación de la política por otros medios», y la historia de China entre los años 30 y la Segunda Guerra Mundial ilustra perfectamente esa idea. El país pasó de colaborar con la Alemania nazi a enfrentarse a Japón, mientras comunistas y nacionalistas se disputaban el poder interno.
De la alianza germano‑china a la ruptura
Tras la Primera Guerra Mundial, la República de Weimar firmó en 1921 un acuerdo comercial con China que incluía suministro de armas y entrenamiento militar. En 1931, aprovechando la guerra civil entre el Partido Comunista y el Kuomintang, Japón invadió Manchuria, alterando el equilibrio regional.
Con la llegada al poder de los nazis en 1933, Hitler continuó la política de sus predecesores y envió material y asesores para crear un ejército chino capaz de frenar tanto al comunismo como a la expansión japonesa. Esa ayuda permitió detener a los japoneses en el Río Amarillo y elevar la moral china.
Sin embargo, la situación se volvió más compleja. Japón mantenía tensiones con la URSS, lo que Berlín quiso explotar mediante el Pacto Anti‑Comintern de 1936, sin romper por completo su relación con el gobierno de Chiang Kai‑shek. Cuando estalló la guerra, el pacto germano‑japonés se amplió a Italia, creando el Eje.
En 1941, tras el ataque a Pearl Harbor, China declaró la guerra a Alemania y Japón, alineándose con EE. UU. y la URSS. La participación china consistió en unos cinco millones de soldados y entre quince y veinte millones de muertos, cifras que a menudo se subestiman en los relatos occidentales.
La Fuerza Expedicionaria China y la creación de la X Force
El Ejército Revolucionario Nacional acordó un alto el fuego interno y dedicó sus fuerzas al enemigo común. Parte de sus tropas, denominadas Fuerza Expedicionaria China, fueron enviadas a Birmania e India para apoyar a los aliados, ya que el Reino Unido no podía atender dos frentes simultáneamente.
Inicialmente, bajo el mando del general estadounidense Joseph Stilwell, la expedición sufrió una desastrosa retirada a la India en 1942, con altas bajas por combate y enfermedad. En el verano de 1942 la campaña se consideró perdida, pero a principios de 1943 se reorganizó la fuerza con refuerzos aéreos y entrenamiento estadounidense, dando origen a la X Force, establecida en Ramgarh (actual Jharkhand, India).
La X Force contó con unos 75 000 soldados distribuidos en cinco divisiones (14ª, 22ª, 30ª, 38ª y 50ª). Las divisiones 22ª, 14ª y 50ª formaron el Sexto Ejército bajo el mando del general Liao Yaoxiang; las 30ª y 38ª integraron el Primer Ejército dirigido por Sun Li‑Jen, aunque la autoridad suprema permanecía en manos de Stilwell. Su objetivo era obligar a Japón a desviar tropas de otros frentes.
En octubre de 1943 la X Force derrotó a la veterana 18ª División japonesa en el valle de Hukawng, demostrando su eficacia.
Avances en Birmania y la carretera Ledo
En 1944 la fuerza china penetró en el norte de Birmania, recuperó Myitkyina y facilitó la construcción de la Carretera Ledo (más tarde llamada Stilwell Road), un enlace de 1 726 km que conectaba Birmania con China a través de la India, reduciendo la dependencia del transporte aéreo.
La parte del ejército basada en Yunnan, conocida como Force Y, avanzó hacia el sur, tomó Wanting y abrió paso para la carretera en febrero de 1945. En ese momento la guerra estaba decidida a favor de los Aliados; la última ofensiva japonesa, la Operación Ichigo y la campaña Delhi Chalo apoyada por el Ejército Nacional Indio, fracasaron.
El 2 de mayo de 1945 el Ejército Británico de la 14ª reconquistó Rangún, poniendo fin a la misión china, que regresó a su país.
El regreso a la guerra civil
Al concluir la Segunda Guerra Mundial, China se vio sumida nuevamente en su conflicto interno. Los ejércitos que habían formado la X Force participaron en las batallas finales de la guerra civil, como la campaña de Liaoshen (1948), que consolidó la victoria del Partido Comunista y marcó el fin de la presencia significativa del Kuomintang en el continente.
Los intentos de mediación de EE. UU., encabezados por el general George Marshall, fracasaron; Estados Unidos apoyó al Kuomintang, pero este nunca logró el respaldo popular y se desintegró, dando paso al establecimiento de la República Popular China.