Contexto de la invasión alemana
El 20 de mayo de 1940 la Wehrmacht cruzó la frontera belga como parte del plan Fall Gelb (Plan Amarillo), cuyo objetivo era rodear a Francia y someter también a Países Bajos y Luxemburgo. Bélgica, que había adoptado una política de neutralidad, contaba con un ejército obsoleto, escaso en tanques y aviones, y apenas 650.000 hombres, el 20 % de la población masculina en edad de combatir.

El fuerte Eben‑Emael
Construido entre 1931 y 1935 bajo la influencia de la Línea Maginot, el Fort d’Ében‑Émael formaba parte de la Position Fortifiée de Liège I, junto a los fuertes de Aubin‑Neufchâteau, Battice y Tancrémont. Situado bajo el Monte Saint‑Pierre, a 120 m sobre la ribera del río, el fuerte contaba con una cubierta de hormigón armado de 1,5 m de espesor, una red de túneles de 4 km y una guarnición de unos 1.200 soldados, mayormente reservistas.

Su armamento incluía cuatro casamates retráctiles, 64 puestos de tiro, seis cañones de 120 mm, dieciséis de 75 mm, doce de 60 mm antitanque, veinticinco ametralladoras y varios cañones antiaéreos, con alcance de 11 a 17,5 km.

Plan alemán: la Operación “Eben‑Emael”
Para impedir que los puentes sobre el Albert Canal quedaran bajo control belga, el Alto mando alemán confió la misión a la Sturmabteilung Koch, compuesta por paracaidistas de las divisiones 7ª y 22ª de la Luftwaffe. El ataque se ejecutaría con 50 planeadores, evitando el ruido de los saltos en paracaídas.

Se formaron cuatro escuadrones –Granito, Acero, Hierro y Hormigón– y, el 10 de mayo de 1940, cada uno se lanzó desde los planeadores hacia su objetivo. El grupo “Granito”, bajo el mando del teniente Rudolf Witzig, se dirigió directamente al techo del fuerte.

Desarrollo del asalto
Una vez sobre la cubierta plana, los paracaidistas emplearon cargas moldeadas para destruir las torretas de los cañones y utilizaron lanzallamas contra los puestos de ametralladoras. En menos de una hora habían desactivado la mayor parte del armamento, impidiendo que los belgas pudieran defender los puentes del canal.
Los defensores belgas intentaron contraatacar, pero los paracaidistas sellaron las puertas del fuerte y mantuvieron la posición hasta la llegada de refuerzos alemanes, obligando a la guarnición a rendirse cinco horas después.

Consecuencias
El asalto dejó 6 muertos y 19 heridos entre los alemanes, frente a 60 muertos y 40 heridos en el lado belga. Todos los supervivientes fueron condecorados por Hitler. La caída de Eben‑Emael permitió a la Wehrmacht ocupar Bélgica sin resistencia significativa y avanzar hacia Francia.
Los demás fuertes de la línea –Aubin‑Neufchâteau (20 de mayo), Battice (22 de mayo) y Tancrémont (29 de mayo) – cayeron en los días siguientes, consolidando la victoria alemana en el frente belga.