La neutralidad suiza y sus antecedentes
Ya explicamos en otro artículo cómo surgió la neutralidad suiza. Esa proverbial línea política se remonta al tratado de paz perpetua firmado con Francia en 1516, que tres siglos después se amplió, convirtiéndose en universal y se mantiene hasta hoy. Sin embargo, la neutralidad no ha protegido al país de amenazas a su territorio en dos ocasiones: la primera en 1792, con la ocupación del ejército revolucionario francés hasta 1815; y la segunda durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania diseñó una invasión bajo el nombre de Operación Tannenbaum.
Origen del nombre y contexto militar
Tannenbaum significa «árbol de abeto» y, de hecho, el plan también se conocía como Operación Grün (verde), ambas alusión a la naturaleza suiza. El proyecto se inició a finales de junio de 1940, justo después de que la Wehrmacht concluyera la Fall Gelb, la invasión de Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Francia. La derrota del ejército galés y del BEF (British Expeditionary Force) provocó el armisticio de Compiègne, que dividió a Francia en zona ocupada y zona bajo el gobierno de Vichy.

La visión nazi de Suiza
Para Hitler, Suiza era "el enemigo mortal del nuevo Alemania"; la describía como "el pueblo y sistema político más repugnantes y miserables… una rama degenerada de nuestro Volk". El desprecio nacía, sobre todo, porque Suiza era una democracia multilingüe en la que los suizos de origen germánico parecían identificarse más con sus compatriotas francófonos que con los alemanes. Además, el programa nazi aspiraba a unificar todos los territorios europeos vinculados a la supuesta raza germánica.

El concepto de "Grossdeutschland"
Los nazis consideraban que Suiza había surgido aprovechando la crisis del Sacro Imperio Romano y que debía incorporarse al Grossdeutschland, una idea romántica del siglo XIX que incluía también a Países Bajos, Austria, Bélgica, Bohemia‑Moravia y parte de Polonia. Ideólogos como el geopolítico Karl Haushofer proponían dividir el territorio suizo entre Alemania, Francia (Vichy) e Italia.
Respuesta suiza
Los suizos vieron la amenaza de forma distinta. En 1935, cuando Hitler anunció que su gobierno ya no cumpliría el Tratado de Versalles, Suiza multiplicó su gasto en defensa. Cuatro años después, la invasión alemana a Polonia obligó a Suiza a movilizarse, elevar la edad de conscripción y formar un ejército de 100 000 hombres, pese a las garantías nazis de 1937 y 1939 de respetar la neutralidad.
Preparativos defensivos suizos
El 25 de junio de 1940, tras la capitulación de París, las fuerzas suizas estaban preparando la defensa de sus fronteras mediante la Línea Limmat (que convertía a los Alpes en un baluarte natural) y el Reducto Nacional, una serie de fortificaciones —el paso de San Gotardo, y los fuertes de Saint‑Maurice y Sargans— a los que se planeaba retirar al enemigo tras desgastarlo.

Los borradores de la invasión
Se elaboraron varios planes. El primero, del capitán Otto‑Wilhelm Kurt von Menges, suponía que los suizos aceptarían una anexión (Anschluss) pacífica y que sólo habría que reprimir a los grupos que se opusieran. Tras tres revisiones, en octubre se presentó la versión definitiva, bautizada como Operación Tannenbaum.
El plan reducía de 21 a 11 divisiones la fuerza inicialmente prevista y proponía un ataque diversionista en el macizo del Jura, al norte de los Alpes, para debilitar la defensa suiza antes de rodearla, al estilo de la campaña francesa. La participación italiana era esencial; Mussolini codiciaba los cantones de Ticino, Valais y Graubünden, aportando otras 15 divisiones, lo que elevaba el total a cerca de medio millón de soldados.
Planes posteriores a la anexión
Mientras el ejército trabajaba en la invasión, el Ministerio del Interior alemán preparó un informe que, tras la guerra, contemplaba asignar una franja amplia de territorio (desde el Somme hasta Ginebra) a colonos alemanes. Un documento titulado Aktion S muestra que Heinrich Himmler discutió en 1941 con Gottlob Berger, obergruppenführer de la SS, la creación de una administración nazi en Suiza bajo un reichskommissar (gobernador).

Cancelación del proyecto
En 1944, después del desembarco aliado en Normandía, la Operación Tannenbaum fue cancelada definitivamente, aunque nunca se descartó una anexión pacífica. Las razones exactas siguen sin conocerse, pero varios factores convergieron para que la Wehrmacht nunca pasara del juego de gato‑y‑ratón a una ofensiva real.
Factores económicos y estratégicos
Algunos de esos factores fueron de orden económico. Gran parte de la industria que abastecía a Alemania (rodamientos, productos lácteos, electricidad, maquinaria diversa) estaba ubicada en Suiza, lo que la mantenía a salvo de los bombardeos aliados. Además, era crucial preservar la red ferroviaria suiza para garantizar el transporte del carbón alemán hacia Italia. No menos importante, una considerable parte de las reservas de oro alemanas estaba depositada en bancos suizos, lo que hacía deseable mantener al país como refugio neutral.
Otros motivos fueron más intangibles. Algunos historiadores sostienen que, pese a calificar a Suiza de "grano en la cara de Europa", Hitler sentía cierta admiración por su cultura y arte, y no quería verlos amenazados por la guerra. El hecho de que una parte de la población fuera germana también podía haberle llevado a preferir un modelo de anexión similar al de Austria, en lugar de una ocupación militar directa. La estructura descentralizada suiza dificultaba, además, presionar al gobierno para someter a toda la población.

Condiciones militares
Geográficamente, Suiza estaba rodeada por territorio alemán e italiano, lo que la hacía vulnerable pero, al mismo tiempo, poco atractiva estratégicamente. La montaña y el clima invernal complicarían cualquier blitzkrieg. Aunque la infantería suiza era numerosa y bien equipada, la Wehrmacht disponía de escasas divisiones de montaña (Gebirgsjäger), lo que recordaba la difícil campaña soviética en Finlandia.
Conclusión
Finalmente, Hitler prefirió concentrar sus recursos en la Operación Sea Lion (invasión de Gran Bretaña) y, tras su fracaso, en la Operación Barbarroja (invasión de la Unión Soviética), que absorbió gran parte de su capacidad humana y material. Suiza logró mantener su neutralidad, a pesar de violaciones de su espacio aéreo y algunos bombardeos accidentales, un daño menor comparado con lo que podría haber ocurrido.