Historia antigua

Cómo el ruido de los camarones favoreció a los submarinos estadounidenses contra Japón

Introducción

Ya hemos hablado antes de la participación de los animales en las guerras humanas. La mayoría de las veces actúan como armas (caballos, elefantes, perros, etc.), aunque en otras ocasiones solo desencadenan un conflicto, como el perro que provocó una disputa entre Grecia y Bulgaria o las langostas que estuvieron a punto de hacer lo mismo entre Francia y Brasil. En esta ocasión el protagonista es un crustáceo: el camarón que tuvo su momento de fama durante la Segunda Guerra Mundial.

El camarón pistola

No cualquier camarón, sino los de la familia Alpheidae, suborden Caridea. Son conocidos popularmente como camarones pistola y miden entre tres y cinco centímetros, lo que les permite refugiarse en los huecos de rocas costeras y arrecifes de coral, tanto en aguas cálidas como frías.

Su nombre proviene de la extremidad de caza, el quelípodo, una sola pata desproporcionadamente grande, casi la mitad del cuerpo, que termina en una pinza.

Cómo el ruido de los camarones favoreció a los submarinos estadounidenses contra Japón

A diferencia de otras pinzas, esta puede regenerarse si se amputan y no se abre‑cierra de forma tradicional. En su lugar, una articulación eleva una de las partes hasta formar un ángulo recto y, de golpe, la libera, encajando automáticamente con la otra, como el percutor de una pistola. De ahí el nombre en inglés pistol shrimp.

Cómo el ruido de los camarones favoreció a los submarinos estadounidenses contra Japón

Cuando el camarón, oculto en su madriguera, detecta una presa gracias a los movimientos de la cola del gobio (pez con el que mantiene una simbiosis), saca su pinza, levanta el "martillo" y, al cerrarla, en una milésima de segundo genera una poderosa onda de burbujas que aturde o mata al objetivo, generalmente otro invertebrado, aunque a veces también peces mayores.

Se ha demostrado que esa onda de choque es capaz de romper frascos de vidrio pequeños, reforzando la analogía con un disparo.

Otro fenómeno sorprendente es la sonoluminiscencia: la generación de luz (no visible a simple vista) en un líquido por ultrasonido, causada por el colapso rápido de burbujas en cavitación. La implosión de las burbujas alcanza temperaturas de alrededor de 7 700 °C. Un pariente, el camarón mantis (stomatopod), emplea un método de caza similar.

El ruido de los alpheides

Cuando los alpheides viven en colonias, se convierten en una de las especies más ruidosas del mundo marino, produciendo niveles sonoros comparables a los de los cetáceos.

El cierre de la pinza genera una presión de hasta 80 kPa y expulsa burbujas a una velocidad de 100 km/h, lo que equivale a aproximadamente 218 decibelios; las ballenas asesinas alcanzan los 230 dB y los belugas alrededor de 140 dB.

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Este fenómeno se conocía desde finales del siglo XVIII, aunque entonces solo se describía como un simple “clic” de apareamiento. No fue sino hasta 1999 que el físico alemán Detlef Lohse, de la Universidad de Twente, descubrió que el sonido estaba acompañado de burbujas y cavitación.

Lohse realizó experimentos con micrófonos y una cámara de alta velocidad bajo el agua, estimulando a un camarón de acuario con un pincel. Las imágenes revelaron un chorro de agua de alta velocidad que produce presión baja, formación de burbujas y su posterior implosión, generando calor comparable al de la superficie solar (aunque por instantes muy breves), sonido y luz (detectada mediante un fotodetector extremadamente sensible).

Cómo el ruido de los camarones favoreció a los submarinos estadounidenses contra Japón

El equipo de Lohse (Barbara Schmitz, Michel Versluis y Anna von der Heydt) bautizó el fenómeno como “poluminiscencia del camarón” mientras celebraban con una cerveza. Desde entonces, el investigador es apodado en broma “el chico del camarón”.

Aplicación militar durante la Segunda Guerra Mundial

Imaginemos una colonia de alpheides, compuesta por cientos de individuos (más de 620 especies descritas), disparando sus “pistolas” una tras otra. El ruido colectivo puede alterar las comunicaciones acústicas bajo el agua, incluido el sonar.

En 1944, técnicos de la Marina de los EE. UU. percibieron que ese bullicio natural podía servir como una pantalla acústica contra los hidrófonos japoneses. Un hidrófono es un transductor que convierte el sonido bajo el agua en una señal eléctrica; su uso comenzó en la Primera Guerra Mundial y sentó las bases del sonar en los años 20.

Los británicos ya habían notado que las burbujas de cavitación dañaban hélices y timones, y en 1916 encargaron al físico Lord Rayleigh que estudiara cómo mitigarlas. Su trabajo, aunque inconcluso, describió el proceso con suficiente detalle como para inspirar el experimento de Lohse ocho décadas después.

Cómo el ruido de los camarones favoreció a los submarinos estadounidenses contra Japón

Durante la Segunda Guerra Mundial, el sonar se había convertido en una herramienta clave para la guerra antisubmarina, dificultando los ataques sorpresa. Sin embargo, los submarinos estadounidenses aprovecharon las abundantes colonias de alpheides en las costas japonesas y de otras regiones del Pacífico para enmascarar el ruido de sus motores, dificultando su detección. Posteriormente, el mismo método se utilizó en los ensayos atómicos de Bikini para confirmar la ausencia de vida marina mediante la disminución de los registros acústicos.

Se descubrió además que las vejigas natatorias de peces y medusas, llenas de gas, contribuían al “capa de dispersión profunda” (Deep Scattering Layer), una capa submarina que refleja el sonido y a menudo se confunde con el fondo marino.

Hoy en día, estos fenómenos siguen siendo de interés. La agencia DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency) investiga cómo emplear el ruido de los camarones pistola para detectar o camuflar submarinos.