Exploración oceánica
En la visión europea del siglo XV el mundo se limitaba a Europa, partes de Asia y el norte de África. Esa percepción cambió cuando se comenzó a explorar el Atlántico, proceso conocido como las grandes navegaciones.
Durante esas expediciones se desarrolló la carabela y nuevas técnicas de navegación, lo que permitió alcanzar lugares desconocidos y desvelar parte de los misterios del océano.
El objetivo principal no era el saber geográfico, sino la búsqueda de beneficios económicos. El cierre de las rutas orientales a través de Constantinopla obligó a los europeos a buscar una vía marítima alternativa hacia Oriente.
Además, la escasez de metales preciosos en regiones como Portugal impulsó la búsqueda de nuevas fuentes de riqueza. La expansión del cristianismo también motivó a los monarcas a financiar las navegaciones.
Portugal fue el primer país en aventurarse, conquistando Ceuta en 1419, y luego exploró el Atlántico. España, tras la unión de los Reyes Católicos y la expulsión de los moros en 1492, decidió también invertir en la navegación marítima.
Cristóbal Colón
El navegante genovés Cristóbal Colón (1451‑1506) defendía la idea de la esfericidad de la Tierra y creía que era posible llegar a Asia navegando hacia el oeste. Tras varios rechazos en Portugal, Inglaterra y Francia, finalmente los Reyes Católicos aceptaron financiar su proyecto en 1492.
La expedición
El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe, contrato que otorgó a Colón tres embarcaciones: la carabela Niña, la carabela Pinta y la nao Santa María.
El objetivo era alcanzar el continente asiático, en particular Japón (entonces llamado Cipango) e India. Colón subestimó la extensión del Atlántico y, para mantener la moral de la tripulación, registró distancias menores a las reales.
El 3 de agosto la flota zarpó de Palos de la Frontera, cruzó las Islas Canarias y, después de más de dos meses, el 12 de octubre de 1492 avistó tierra en la isla de Guanahaní, en las Bahamas. El marinero Rodrigo de Triana fue quien la vio primero, aunque Colón reclamó haberla avistado el día anterior.
Al desembarcar, los españoles se encontraron con pueblos nativos desnudos, muy distintos de la imagen que tenían de los asiáticos. Colón creyó haber llegado a Asia y rebautizó la isla como San Salvador.
Durante el resto de su vida, Colón intentó demostrar que había llegado a Asia, pero nunca logró pruebas convincentes. En su primer viaje también llegó a la isla que hoy ocupan Haití y República Dominicana, a la que llamó La Española, y estableció el primer asentamiento español, Navidad.
Colón capturó a varios nativos para enviarlos a España y los llamó “indios”, creyendo estar cerca de la India. Además, dejó a 39 hombres en La Española, quienes fueron asesinados tras actos de crueldad contra los indígenas.
Colonización
El segundo viaje de Colón (1493) llevó alrededor de 1 200 colonos y fundó la villa de La Isabela, la primera ciudad permanente europea en América.
Los españoles impusieron una violencia extrema: secuestraban mujeres, esclavizaban a los hombres y forzaban la extracción de oro. Según la historiadora Marianne Mahn‑Lott, los colonos evitaban el trabajo duro y recurrían a la explotación de los nativos.
En pocas décadas, la población indígena del Caribe se redujo drásticamente por la violencia, enfermedades y trabajos forzados; millones pasaron a ser miles.
¿Se descubrió América?
El concepto de “descubrimiento de América” es controvertido. Surgió décadas después de la llegada de Colón y refleja una visión eurocéntrica que ignora la existencia de civilizaciones avanzadas en el continente.
Muchos historiadores consideran que la llegada europea fue una invasión y conquista, no un descubrimiento. Además, los vikingos habían llegado a Norteamérica alrededor del siglo X, aunque sin establecerse de forma permanente.
En definitiva, el término “descubrimiento” se refiere más al inicio de la colonización y la explotación que a la mera presencia de europeos.
Notas
|1| COLL, Josefina Oliva de. La resistencia indígena. Porto Alegre: L&PM, 1974, p. 18.
|2| MAHN‑LOTT, Marianne. La conquista de la América española. Campinas: Papirus, 1990, p. 28.