Stalin prohibió la evacuación de la población civil de la ciudad, convencido de que su presencia reforzaría la resistencia de los defensores. Mujeres, niños y ancianos fueron obligados a reforzar las fortificaciones y a trabajar en las fábricas de tractores, convertidas en plantas de tanques, hasta el último día.
Bombardeo devastador
El 23 de agosto, un intenso bombardeo aéreo alemán desató un verdadero incendio infernal, matando a miles de civiles y convirtiendo a Stalingrado en un paisaje de ruinas humeantes. Se destruyó el 80 % del espacio habitable de la ciudad.
Defensa improvisada
La primera línea de defensa quedó a cargo del 1077.º Regimiento Antiaéreo, compuesto mayoritariamente por jóvenes voluntarias sin entrenamiento para el combate terrestre. A pesar de la falta de apoyo de otras unidades soviéticas, sus artilleros mantuvieron sus puestos y combatieron a la 16.º División Panzer, que tuvo que eliminar las 37 baterías antiaéreas antes de avanzar.
Encierro en la ribera del Volga
Hacia finales de agosto las tropas alemanas llegaron al Volga al norte de la ciudad y, poco después, al sur, rodeando a los defensores soviéticos. Aunque intentaron mantener rutas de suministro por el río, la mayoría quedó aislada.
Milicias obreras y producción bajo fuego
En los primeros días la defensa se basó en milicias obreras formadas por trabajadores vinculados a la industria bélica. Los tanques seguían fabricándose y se entregaban directamente al frente por equipos de obreros voluntarios, a veces sin siquiera haber sido pintados.
Batalla a muerte
Con la ciudad casi totalmente arrasada por los bombardeos, la población civil huyó. La 62.º Ejército soviético organizó líneas de defensa en casas y fábricas. La lucha se volvió feroz y desesperada. La Orden No 227 de Stalin, “¡Ni un paso atrás!” (28 julio 1942), establecía que quien abandonara su puesto sin orden sería fusilado al instante. Sin embargo, los soldados ya comprendían la magnitud del conflicto y combatían con heroísmo. Los refuerzos soviéticos cruzaban el Volga bajo fuego constante de artillería y Stuka, y la expectativa de vida de un soldado recién llegado a la ciudad se reducía a menos de veinticuatro horas.
Estrategia soviética frente al poderío alemán
La doctrina militar alemana se basaba en equipos combinados de infantería, ingenieros, artillería y apoyo aéreo. Los comandantes soviéticos respondieron con una táctica sencilla: mantener las líneas del frente lo más cerca posible del enemigo, obligando a la infantería alemana a arriesgarse al fuego de apoyo propio y limitando su avance.