Historia antigua

Salvador y la revuelta de la harina (1858)

Salvador y la revuelta de la harina (1858)

Salvador y la revuelta de la harina (1858)

En el siglo XIX, la provincia de Bahía fue escenario de numerosas sublevaciones. Tras la Conjuração Baiana de la década de 1790 y varios levantamientos en los años 1820‑1830, Salvador vivió en 1858 una nueva rebelión popular conocida como la Revuelta de la harina. El 28 de febrero, bajo la sombra de la Cuaresma, los habitantes de la ciudad se lanzaron a las calles reclamando "carne sin hueso y harina sin tachas".

Contexto de hambruna y crisis sanitaria

Años antes, una sequía severa había mermado la producción de harina de yuca, alimento básico de la población. Simultáneamente, brotes epidémicos –principalmente cólera y morbo– diez mil personas perdieron la vida entre 1855 y 1856. Las autoridades sanitarias recomendaron abandonar la carne importada del Río de la Plata y consumir la denominada "carne verde", considerada más saludable, lo que agravó la escasez de alimentos.

Causas económicas

El precio de la harina y de la carne se disparó, absorbendo una parte creciente del ingreso familiar. Además, comerciantes portugueses monopolizaban la distribución, actuando como intermediarios entre productores y minoristas y fijando precios abusivos. La población, ya resentida con los portugueses, ahora dirigía su ira contra el gobierno provincial.

Disputa política sobre la venta de harina

A principios de 1857 el Ayuntamiento de Salvador emitió un decreto que limitaba la venta de harina de yuca al Celeiro Municipal y a graneros autorizados por la Cámara, con el objetivo de controlar su precio. El presidente provincial, José Lins Vieira Cansanção de Sinimbu, inicialmente aprobó el decreto, pero bajo presión de los comerciantes lo retiró y lo remitió a la Asamblea provincial. Sinimbu, formado en Europa y defensor del liberalismo económico, argumentó que la medida violaba la libre competencia.

El estallido de la revuelta

El 28 de febrero de 1858, la chispa no fueron los alimentos, sino el maltrato a los huérfanos de la Santa Casa de Misericordia por parte de monjas francesas contratadas para su educación. Los gritos de los niños alertaron a jóvenes del barrio, que irrumpieron en el edificio y expulsaron a las monjas. El gesto desencadenó una manifestación masiva que se transformó en protesta contra la hambruna y la política de Sinimbu.

Los manifestantes marcharon al Palacio del Gobierno, lo bombardeaban con piedras, y luego se dirigieron al Ayuntamiento, donde subieron a la torre y tocaron las campanas para convocar a más ciudadanos. La caballería policial intentó dispersar la muchedumbre con sables y caballos, pero la resistencia duró varias horas y se prolongó al día siguiente, cuando el Ayuntamiento volvió a ser ocupado.

Reacción del poder y consecuencias

Sinimbu suspendió a varios concejales y, con el apoyo de la Asociación Comercial de Salvador, defendió la libre competencia y la eliminación de los intermediarios. Finalmente, la Asamblea provincial ratificó la posición del Ayuntamiento, aprobando el control estatal de la venta de harina, aunque sin resolver el problema del alto precio. En junio, Sinimbu dejó la presidencia provincial; su sucesor mantuvo la medida, pero la crisis de precios persistió.

La revuelta de la harina trasciende la cuestión alimentaria y muestra cómo la combinación de crisis sanitaria, escasez, monopolios comerciales y tensiones políticas puede desencadenar movimientos populares de gran alcance.