El ambicioso plan de Orgetorix
Orgetorix, el más rico y noble de los helvecios, conspiró para llevar a su pueblo fuera de la Helvetia, convencido de que, al derrotar a los pueblos de la Galia, podrían fundar un gran imperio. Su territorio estaba rodeado por el Rin, el Jura, el lago de Ginebra y el Ródano, lo que limitaba sus opciones de expansión y provocaba el descontento de los guerreros helvecios.
Orgetorix organizó la emigración: acumuló ganado, carros y provisiones, y renovó tratados de paz con los vecinos. Designó a su hijo y a otros líderes galos, como Dumnorix de los eduos, para que respaldaran el plan. El objetivo era crear una alianza entre los tres pueblos más poderosos y, una vez unidos, someter a toda la Galia.
La acusación y la muerte de Orgetorix
El complot fue denunciado y, según la costumbre helvecia, Orgetorix fue puesto bajo custodia. En el día del juicio, rodeado de sus seguidores, logró evitar el proceso. Los ciudadanos, indignados, exigieron justicia, pero antes de que se resolviera el conflicto, Orgetorix murió, probablemente por suicidio.
Preparativos para la emigración
Aunque la muerte de su líder no detuvo el impulso, los helvecios quemaron sus ciudades (12) y aldeas (400), destruyeron cosechas que no podían transportar y obligaron a los vecinos –rauracos, tulingos y latobicos– a acompañarlos. Solo tenían dos rutas posibles: una estrecha vía séquiense entre el Jura y el Ródano, y otra más fácil a través de la Provincia romana, cruzando el Ródano en varios vados.
César bloquea el paso
Al enterarse del plan, César dejó Roma, llegó a Ginebra y ordenó la construcción de una trampa defensiva de 19 000 pasos de largo y 16 pies de altura entre el lago de Ginebra y el Jura. Además, destruyó el puente de Ginebra. Cuando los helvecios solicitaron permiso para cruzar sin causar daño, César se negó, recordando la derrota del cónsul Cassio y temiendo nuevas rebeliones.
Los helvecios intentaron cruzar el Ródano en botes y en vadeaderos, pero fueron detenidos por la fortificación romana.
El paso por la Séquania y la alianza con Dumnorix
Frustrados, los helvecios buscaron la ruta séquiense. Dumnorix, hermano de Diviciaco y amigo de los helvecios por matrimonio, negoció con los séquanos un paso sin violencia a cambio de rehenes. César, informado de este movimiento, temía que los helvecios llegaran a la provincia de los santones y amenazaran la seguridad romana.
La campaña de César contra los helvecios
César cruzó el Saona, sorprendió a una parte del ejército helvecio y los derrotó. Luego, tras varias escaramuzas y negociaciones con los aedui, continuó persiguiendo a los helvecios, quienes habían saqueado territorios aedui y allobroges.
Batalla de Bibracte
En la decisiva batalla cerca de Bibracte, César organizó sus legiones en tres líneas, utilizó la caballería y atacó la falange helvecia. Tras intensos combates, los helvecios fueron derrotados, su equipaje capturado y su número reducido a unos 130 000 hombres. Continuaron su marcha nocturna hasta los lingones, donde César envió cartas advirtiendo a los locales que no asistieran a los invasores.
Rendición y regreso
Los helvecios, exhaustos, enviaron delegados que suplicaron paz. César les exigió rehenes, armas y la entrega de esclavos. Aproximadamente 6 000 de los que habían huido hacia el Rin fueron capturados y ejecutados; el resto entregó sus armas y fue perdonado. Los helvecios, los tulingos y los latobicos fueron obligados a regresar a sus tierras, reconstruir sus ciudades quemadas y recibir granos de los allobroges.
Datos demográficos
Los registros encontrados en el campamento helvecio indican que había 263 000 helvecios, 36 000 tulingos, 14 000 latobicos, 23 000 rauracos y 32 000 boios, con un total de 368 000 galo‑celtas. De ellos, 92 000 eran combatientes. Según el censo de César, sólo 110 000 regresaron a su patria.