Preparativos de la expedición a Bretaña
Bajo el consulado de Lucio Domicio y Apio Claudio, César, tras pasar el invierno en la Galia Citerior, ordenó a los legados que permanecían al mando de las legiones que construyeran, durante la temporada fría, la mayor cantidad posible de naves y repararan las existentes. Decidió que fueran más bajas que las habituales para facilitar la carga y el desembarque, y un poco más anchas para transportar caballos y equipamiento. Todas contarían con velas y remos; el material de armamento lo enviaría desde Hispania.
Tras una breve estancia en Iliria para sofocar la rebelión de los pirustos, César volvió a la Galia, donde constató que, pese a la escasez, los soldados habían construido unas seiscientas naves y veintiocho galeras listas para zarpar. Inspeccionó la obra, elogió a los obreros y les dio la orden de partir desde el puerto de Itius, a solo treinta mil pasos de la costa bretona. Dejó allí cuatro legiones sin bagaje y ocho cientos de caballería, mientras él marchó con cuatro legiones ligeras y su caballería contra los treverios, sospechosos de aliarse con los germanos.
Expedición contra los treverios
Los treverios, la mayor potencia de caballería de la Galia, estaban divididos entre Indutiomaros y Cingétorix. Cingétorix, al conocer la llegada de César, le ofreció lealtad y le informó de los asuntos internos. Indutiomaró, por su parte, reunió tropas y ocultó a los ancianos en el bosque de Ardenas, preparando la guerra.
Al percatarse de que varios nobles buscaban acercarse a César, Indutiomaró envió emisarios asegurando que su reticencia era para evitar decisiones precipitadas sin la nobleza presente. César, que no quería pasar el verano entre los treverios mientras se preparaba la campaña en Bretaña, le exigió doscientos rehenes. Tras entregarlos, lo persuadió de permanecer leal, pero luego apoyó a Cingétorix, lo que enfureció a Indutiomaró, que pasó a ser un enemigo irreconciliable.
Dumnorix y su muerte
Entre los Aedui, Dumnorix destacaba por su ambición y su influencia. Tras escuchar que César le había ofrecido la jefatura de su pueblo, intentó retrasar la partida a Bretaña alegando miedo al mar y motivos religiosos. Cuando sus súplicas fueron rechazadas, conspiró para impedir la invasión, incitando a los galos a quedarse en la Galia.
Al enterarse de los complots, César decidió neutralizarlo. Durante la estancia en el puerto, Dumnorix escapó montado en la caballería hedua. César ordenó su captura o muerte. Cuando fue alcanzado, se resistió, proclamó su libertad y la de su pueblo, y fue rodeado y ejecutado según la orden de César.
El cruce del Canal
Con Labieno al mando de tres legiones y dos mil caballería en la costa, César zarpó con cinco legiones y una fuerza ecuestre equivalente. Después de una noche de vientos desfavorables, la flota llegó a la costa bretona y, gracias al esfuerzo de los remeros, logró desembarcar alrededor del mediodía sin encontrar resistencia inmediata.
Desembarco y primer contacto
Tras establecer el campamento, César dejó una guarnición de diez cohortes y trescientos caballeros para proteger la flota. Al avanzar hacia los bretones, se topó con una fuerza que defendía una colina con caballería y carros de guerra. Tras una breve escaramuza, los bretones se retiraron al bosque, donde habían fortificado el terreno con empalizadas y trampas. La Legión VII, formando tortuga y erigiendo una terraza, tomó la posición y expulsó al enemigo, aunque César prohibió una persecución profunda por desconocer el terreno.
Tormenta
Al día siguiente, mientras los romanos perseguían a los fugitivos, una violenta tormenta arrastró casi toda la flota a la orilla. Cientos de naves fueron dañadas o perdidas; solo unas cuarenta se consideraron irrecuperables.
La flota atrincherada y Cassivellaunos
César inspeccionó los daños, ordenó la reparación de las embarcaciones y, en diez días, construyó una línea de defensa que integró la flota al campamento. Allí se enteró de que los bretones habían puesto bajo el mando a Cassivellaunos, quien dirigía la resistencia desde una fortaleza más al interior, a unos ochenta mil pasos del mar, más allá del Támesis.
Bretaña y sus habitantes
El interior de la isla estaba habitado por pueblos autóctonos, mientras la costa albergaba tribus de origen belga, que conservaban los nombres de sus tierras de origen. La población era numerosa, con viviendas similares a las galas y abundante ganado. Usaban como moneda anillos de cobre o hierro; en el interior había minas de estaño y, en la costa, de hierro. Los bretones evitaban comer liebre, pollo o ganso, aunque los criaban por placer. El clima era más templado que el de la Galia.
Combates
Los caballeros bretones, con carros de guerra, atacaron vigorosamente a la caballería romana, que los repulsó en bosques y colinas. Tras la victoria, los romanos fueron sorprendidos cuando los bretones, emergiendo de los bosques, asaltaron la guardia del campamento. Dos cohortes enviadas como refuerzo fueron superadas por la confusión, y el tribuno Q. Laberius Durus cayó en acción.
Tácticas de los bretones
Los bretones luchaban en pequeñas unidades, a intervalos, y disponían de reservas que reemplazaban a los combatientes cansados. Fingían retirarse para atraer a la caballería romana a terrenos desfavorables, donde los enfrentaban a pie desde sus carros, dificultando tanto la persecución como la retirada.
Victoria romana
Al día siguiente, los bretones se mostraron escasos y combatieron con menor intensidad. Cuando la legión y la caballería romanas, bajo el mando del tribuno Trebonio, se desplazaron a buscar provisiones, fueron emboscados. Los romanos respondieron con una carga que desbarató al enemigo, que se retiró sin volver a intentar una gran ofensiva.
Cruce del Támesis
César, comprendiendo la estrategia bretona, cruzó el Támesis en territorio de Cassivellaunos. El otro margen estaba defendido por una empalizada y estacas sumergidas. Tras recibir información de prisioneros, envió la caballería seguida de las legiones, que lograron desbordar la defensa y obligar al enemigo a huir.
Campaña contra Cassivellaunos
Cassivellaunos, incapaz de enfrentar una batalla abierta, retiró la mayor parte de sus tropas, mantuvo solo cuatro mil guerreros en carros y hostigó a la caballería romana en los bosques, obligando a César a mantener a sus caballeros cerca de las legiones. Los Trinovantes, bajo el joven Mandubracios, buscaron la protección de César contra Cassivellaunos; el romano aceptó a cambio de rehenes y alimentos.
Otros pueblos bretones (Cenimagnes, Segontiacs, Ancalites, etc.) también se presentaron ante César, revelando la ubicación de la fortaleza de Cassivellaunos, un bosque rodeado de fosos y empalizadas. Tras dos intentos de asalto, los bretones, incapaces de resistir el ímpetu romano, huyeron, dejando atrás gran cantidad de ganado y prisioneros.
La rendición
Tras varios reveses, Cassivellaunos envió mensajeros a los líderes cantiumenses para atacar la flota romana, pero fueron interceptados y derrotados; su principal jefe, Lugotorix, fue capturado. Desmoralizado, Cassivellaunos se rindió a través de los atrebates. César, deseoso de concluir la campaña antes del invierno, impuso el pago de un tributo anual a Britania y prohibió a Cassivellaunos cualquier agresión contra Mandubracios y los Trinovantes.
Regreso a la Galia
Con los rehenes entregados, César reparó la flota y, pese a la pérdida de varias naves en la tormenta, organizó el retorno en dos grupos de transporte. Ninguna nave que había llevado soldados se hundió; sin embargo, la mayoría de los barcos vacíos se estrellaron al regresar a la Galia. Tras esperar en vano y temer que la temporada impidiera otro intento, César finalmente logró que todas las naves arribaran a salvo, poniendo fin a la primera expedición romana a Bretaña.