Historia antigua

Torneos y justas caballerescas en la Edad Media

Torneos y justas caballerescas en la Edad MediaCon el tiempo los torneos se organizaron como justas, combates a caballo con lanza. Fue la actividad predilecta de la nobleza medieval y alcanzó su mayor auge en Francia a partir del siglo XII, extendiéndose luego a Alemania e Inglaterra. Inicialmente juegos de guerra, a veces mortales, se transformaron en espectáculos ritualizados: batallas simuladas entre dos equipos en el campo abierto y, a partir del siglo XIV, justas entre caballeros en festivales cortesanos, a “honor de las damas”, bodas reales y otras celebraciones.

Justas caballerescas y juegos de armas

Los nobles se distinguían empuñando armas y entrenaban desde niños. Un ejercicio básico era la carrera del anillo, en la que el caballero intentaba alcanzar un aro colgado de un poste. También se practicaba el tiro al papagayo y la lucha, interludios de los festivales de armas. En 1369 el rey Carlos V prohibió los juegos de dados y otras diversiones que favorecían el arco y la ballesta, considerándolos “esbatements” más apropiados para la defensa del reino.

Torneos y justas caballerescas en la Edad MediaLos jóvenes aristócratas aprendían el arte de la guerra mientras se divertían: practicaban el behourd (esgrima a caballo) con espadas de madera y entrenaban en los patios de los castillos, donde se trabajaba la flexibilidad, la agilidad y la vigor. Corrían, lanzaban piedras o jabalinas, realizaban saltos y peleas con bastones o espadas, actividades que servían de preparación física para la guerra.

La quintaina, prueba exigente, consistía en un maniquí de madera colocado en la cima de un poste llamado estache. A galope, el justiciero debía impactar el objetivo con su lanza, cubierto de una cota de malla y escudo, para derribarlo en el centro. Un golpe impreciso o una lanza rota podían provocar la caída del caballero, humillándolo ante la audiencia.

Mientras la nobleza usaba espada, lanza y maza, los burgueses y campesinos entrenaban con palos, puños, arco o ballesta. La puntería era crucial en caso de asedio. El papagayo, ave pintada de verde colocada en una pértiga, servía como diana; las hermandades del papagayo reunían a los mejores tiradores y entregaban premios. Ya en el siglo XII el trovador Marcabru describía la “pua de hierro”, arma temida por los bretones.

Torneos y batallas simuladas

Se celebraban con regularidad en fiestas de San Juan, Pentecostés o en eventos importantes como bodas princesas. En los siglos XII y XIII se disputaban en extensos campos, enfrentando a dos grupos armados con sus líderes y soldados. Cada bando formaba dos filas de caballos y jinetes que, al sonido de trompetas o campanas, cargaban en un gran choque de armas. A veces la pasión del combate superaba lo deportivo y cobraba vidas; el duque de Bretaña Geoffroy Plantagenêt murió en 1186 tras una lesión en un torneo que llevaba su nombre.

Estos torneos, además de la competición, tenían fines económicos: se capturaban prisioneros para rescate, se adjudicaban caballos y armas del vencido al vencedor, lo que generaba polémicas y avaricia. El Concilio de Clermont condenó en 1130 estos juegos “detestables y mercantiles”.

Torneos de espectáculo en los siglos XIV y XV

El trovador Jacques Bretel describe en “Los torneos de Chauvency” la transformación de la sociedad caballeresca. Las justas al aire libre dieron paso a un deporte “elegante” en recintos cerrados, bajo gradas decoradas con tapices, escudos, banderas y estandartes que recibían a príncipes, damas y jóvenes de alta alcurnia.

Los combatientes, caballeros y escuderos, entraban con sus blasones y yelmos enormes, adornados con plumas, animales heráldicos, cuernos, ramas o plumas de pavo real y ostras, y ondeaban estandartes al viento. Los escudos y mantos mostraban colores vivos –rojo, verde, azul– para exhibir su rango y destreza, no para ganar fortuna.

Torneos y justas caballerescas en la Edad MediaLa víspera del torneo se dedicaba a la inspección de espadas, banderas y yelmos, recordando las leyes de la caballería. En el día señalado, los caballeros desfilaban al sonido de trompetas, seguidos por sus escuderos; sus estandartes se plantaban en los “listados”. Las dos partes combatían hasta que sonaba la señal de retirada; los vencedores recibían premios entregados por la reina del torneo, acompañada de damas, el rey de armas y los jueces.

Justas por amor a las damas

El deseo de impresionar a las damas impulsaba la organización de torneos. Desde la época de los trovadores, los caballeros competían en nombre del amor cortés, buscando conquistar a una bella heredera. El cronista Jean d’Authon relata que, en un torneo de 1507 en Milán ante el rey Luis XII, las damas estaban tan adornadas que “resultaba encantador”.

El elemento erótico se manifestaba cuando las damas entregaban a su caballero favorito una pieza de su atuendo –pañuelo, velo, manga – para que la colocara en su yelmo, escudo o escudo de armas. En la frenética contienda, algunos caballeros terminaban sin casco ni vestiduras, provocando risas por su “desnudez accidental”.

Armas y armaduras de los caballeros

Torneos y justas caballerescas en la Edad MediaLos torneos requerían equipamiento específico, distinto del de la guerra. Se llevaba una coraza ligera bajo una especie de chaleco acolchado de lienzo y estopa para amortiguar los golpes de maza y espada. El yelmo de torneo tenía grandes aberturas cuadradas para respirar y ver.

Para la justa, los herreros reforzaban el yelmo cerrando las amplias aberturas y dejando solo una rendija estrecha a la altura de los ojos; este yelmo, llamado “cabeza de sapo”, podía pesar hasta 9 kg y se fijaba a una coraza de acero mediante bisagras voluminosas. La armadura del justiciero era pesada para aportar fuerza al golpe de lanza y estabilidad al jinete. El escudo, o targa, era de madera cubierto de cuero o cuerno de ciervo, con una rejilla que desviaba los impactos.

La lanza de caballería, equipada con una punta de tres filos redondeados (rastrillo), era ligera y se diseñaba para romperse al impactar el yelmo o escudo del adversario. El jinete debía mantener el equilibrio para no “sacudirse en la silla”. Tras la justa a caballo, a veces seguía una contienda a pie “en la barrera” con hachas o mazas.

La muerte fatal del rey Enrique II

En junio de 1559 se celebraron fastuosos festines caballerescos por los matrimonios de Margarita, hermana del rey, con el duque de Saboya, y de Isabel de Francia con Felipe II de España. Los listados se instalaron en el barrio de Saint‑Antoine, frente al Hôtel des Tournelles.

Torneos y justas caballerescas en la Edad MediaEl 30 de junio, tras varias rondas, el rey, vestido con los colores de su amante Diane de Poitiers, decidió lanzar una última lanza contra el conde de Montgomerie, a quien consideraba su rival. La lanza del adversario se partió y atravesó la visera del rey, hiriéndole el ojo. Enrique II sufrió diez días de agonía antes de fallecer.

La trágica muerte de Enrique II marcó el comienzo del declive de los torneos, que habían sido tan apreciados por la nobleza.

Bibliografía

Torneos y juegos de armas en la Edad Media, Gérard Lomenec'h. Editions Ouest‑France, 2015.

¡Rompe las lanzas! Caballeros y torneos en la Edad Media, Sébastien Nadot. Otherwise, 2010.

Los caballeros de la Edad Media, Cédric Delaunay. Metive, 2017.