En 1390, durante una tregua de la Guerra de los Cien Años, tres caballeros franceses —el Mariscal Boucicaut, Renault de Roye y el Chambelán de Saimpy— invitaron a cualquier adversario a enfrentarse a ellos en Saint‑Inglevert, cerca de Calais. El torneo se celebró del 20 de marzo al 20 de abril y los participantes debían tocar los dos escudos que decoraban cada una de las tres carpas rojas de los campeones.
Participantes y desarrollo
Treinta y nueve caballeros ingleses aceptaron el desafío, protagonizando 137 justas bajo la atenta mirada de la nobleza. El ambiente estaba cargado de cortesía y galantería, demostrando que el espíritu caballeresco no conocía fronteras.
Emblemas y heraldos
Los caballeros lucían sus escudos en los yelmos. Cada combatiente anunciaba el número de justas que pretendía librar contra su oponente. Los escuderos mantenían lanzas de repuesto para sustituir las que se rompían, lo cual era frecuente.
Armas especiales del torneo
Se empleaban armas diseñadas exclusivamente para la justa, como el yelmo de “boca de rana”. Este yelmo, con una visión limitada que solo se ampliaba cuando el caballero se inclinaba sobre la silla y mantenía la lanza horizontal, resultaba inútil en el campo de batalla, pero perfecto para el espectáculo del torneo.
Caballos y jinetes
Los caballos no siempre obedecían las órdenes de sus jinetes mediante riendas y espuelas; a veces se negaban a avanzar o se desviaban del camino, impidiendo que los caballeros se enfrentaran. En Saint‑Inglevert, este incidente se repitió 18 veces.
Conclusión
El torneo de Saint‑Inglevert quedó registrado como un ejemplo brillante de la caballería medieval, donde el honor, la destreza y la camaradería se combinaron para crear una celebración memorable del ideal caballeresco.