Contexto histórico
Durante casi dos siglos, los calvinistas reformados vivieron en el reino de Francia bajo persecución. La situación cambió cuando Enrique IV firmó el Edicto de Nantes en 1598, garantizando una relativa paz para los protestantes.
En 1685, Luis XIV revocó el Edicto, y los hugonotes volvieron a enfrentarse a la hostilidad católica. Los dragaones del rey intentaron obligarlos a convertirse al catolicismo; algunos cedieron, otros huyeron a Ginebra, la ciudad reformada de Juan Calvino, y un grupo decidió resistir, dando origen a la rebelión conocida como la guerra de los camisardos.
Estallido del conflicto
El 22 de julio de 1702, tras el asesinato del «convertidor cruel», el abad du Chayla, Abraham Mazel, inspirado por una profecía y apoyado por Esprit Séguier, incitó a los protestantes a alzarse para practicar su fe libremente. Mazel murió en el enfrentamiento, pero su llamado movilizó a padres de familia y jóvenes dispuestos a defender su religión y su libertad de conciencia.
Los camisardos en la lucha
Mayormente campesinos sin entrenamiento militar, los hugonotes combatieron al ejército real con una profunda convicción religiosa. Entre sus líderes, el más destacado fue Jean Cavalier, hijo de panadero. A pesar de estar en inferioridad numérica, los camisardos atacaban al enemigo cantando el Salmo 68: «¡Que Dios se haga presente!».
Esta determinación sorprendió a las tropas del rey, que perdieron cohesión y sufrieron importantes bajas. La guerrilla camisarda mantuvo la resistencia durante dos años intensos.
Fin de la guerra
En 1704, agotado y sin esperanzas de victoria, Jean Cavalier capituló, poniendo fin al conflicto. La rebelión dejó una huella en la memoria colectiva de los protestantes franceses y en la historia de la resistencia contra la intolerancia religiosa.
