Historia antigua

La masacre de San Bartolomé (1572)

En la noche del 23 al 24 de agosto de 1572, el Consejo del Rey en París tomó una decisión dramática: la reina madre Catalina de Medici, apoyada por el partido Guisa y por el hermano del rey Enrique de Anjou, líder de los católicos, convenció al fácilmente manipulable Carlos IX, de 22 años, de que los líderes del partido hugonote debían ser exterminados.

El desencadenante: el intento fallido contra Coligny

El pretexto fue el fallido atentado contra el almirante protestante Gaspard de Coligny el 22 de agosto. Mientras caminaba por el paseo del palacio, Coligny se agachó a atar la cinta de su zapato; una lluvia de balas disparadas desde la casa de un católico cercano le rozó la cabeza. El intento, orquestado por los Guisa, puso en riesgo la paz civil que se había mantenido desde 1570 y desencadenó la furia católica.

La masacre de San Bartolomé

Durante la madrugada del 24 de agosto comenzó la purga. En el distrito de Saint‑Germain l’Auxerrois, donde se alojaban los nobles protestantes, las tropas del duque Enrique de Guisa rodearon la zona y asesinaron a Coligny y a más de 200 hombres. La violencia se extendió rápidamente: los parisinos, portando brazaletes blancos y alegando actuar en nombre de la “verdadera fe”, saquearon y masacraron a hugonotes, llegando incluso a mutilar los cuerpos.

Los únicos príncipes de la sangre que fueron salvados fueron Enrique de Navarra (futuro Enrique IV) y Enrique de Condé, a condición de que abjuzaran su fe. La matanza duró tres días en París y se propagó a provincias como Meaux (200 ejecutados), Lyon (700), Bourges y Orléans (centenares). Algunas regiones, como Picardía, Auvernia, Limousin o Périgord, permanecieron relativamente tranquilas. En París la violencia cesó el 28 de agosto por orden del rey, pero en el campo continuó esporádicamente hasta principios de octubre.

Reacciones y consecuencias

El horror que produce el episodio hoy en día generó escasa reacción en la época, acostumbrada a la violencia. Los príncipes alemanes y los cantones suizos expresaron consternación, mientras la corte de Madrid celebró el hecho con un Te Deum y una medalla conmemorativa. Desde la perspectiva de la Corona francesa, la masacre resultó “útil”: el partido hugonote quedó prácticamente aniquilado, lo que facilitó la consolidación del poder católico.

El propio Enrique de Anjou (más tarde Enrique III), coautor del plan, fue elegido rey de Polonia unos meses después, pero volvió a Francia y, tras la muerte de Carlos IX en 1574, accedió al trono. La venganza protestante no se materializó hasta 1589, cuando Enrique de Navarra se convirtió en rey Enrique IV, después de renunciar al protestantismo para ser coronado.

Las Guerras de Religión en Francia

Las Guerras de Religión azotaron a Francia entre 1562 y 1598, un periodo de 36 años de conflicto intermitente. La masacre de San Bartolomé es el episodio más emblemático, pero no el único: la masacre de Wassy (1 de marzo de 1562) desencadenó la primera guerra; los tratados de paz fueron rotos repetidamente hasta la promulgación del Edicto de Nantes en 1598, que garantizó la libertad de culto protestante.

Primera fase (1562‑1574)

La masacre de Wassy, donde el duque de Guisa mató a 23 protestantes y hirió a cien, marcó el inicio del conflicto. Después de varias treguas, la paz de 1570‑1572 dio paso a la tragedia de San Bartolomé.

Reinado de Enrique III (1574‑1589)

Tras la muerte de Carlos IX, Enrique III intentó equilibrar a ambas facciones. Sus concesiones a los protestantes provocaron la formación de la Liga Católica. En diciembre de 1588 ordenó el asesinato de Enrique de Guisa, lo que desencadenó una rebelión en París. Enrique III fue asesinado por el monje fanático Jacques Clément el 10 de agosto de 1589.

Reinado de Enrique IV (1589‑1598)

Al no haber herederos directos, Enrique de Navarra ascendió al trono como Enrique IV. Para ser aceptado, abjuró del protestantismo en 1593 y, tras negociar con la Liga, restauró la paz religiosa con el Edicto de Nantes (13 de abril de 1598). Fue asesinado en 1610 por François Ravaillac.


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