Historia antigua

La ciudad quiere su propio metro

Orígenes del conflicto

En 1884 el Consejo de Estado clasificó el ferrocarril metropolitano como una vía de interés general, cuya concesión correspondía directamente al Estado. ¿Debía el Estado favorecer a empresas privadas? El Ayuntamiento protestó con vehemencia, rehusando perder sus derechos. La ciudad quería su propio metro, uno que pudiera "conocer y controlar".

Resolución y delegación a la ciudad

El enfrentamiento se resolvió en 1895, cuando Louis Barthou, Ministro de Obras Públicas, reclasificó la vía como un ferrocarril de interés local y encomendó su ejecución al Ayuntamiento.

El proyecto inicial

Dos años después, el consejo municipal aprobó la construcción de una red subterránea de seis líneas, con una longitud total prevista de 65 km. Una ley declaró a este ferrocarril de utilidad pública. La ejecución quedó a cargo del ingeniero bretón Fulgence Bienvenüe.

Fulgence Bienvenüe, el ingeniero

Nacido en 1852 en Uzel (Côtes‑du‑Nord), Bienvenüe se graduó de la École Polytechnique y de la escuela de Ponts et Chaussées. Fue detectado por sus superiores mientras trabajaba en la construcción de ferrocarriles en Bretaña. Un accidente laboral le costó el uso de su brazo izquierdo: "Me arrancaron el brazo izquierdo", comentó con humor.

Del estudio al plan definitivo

Tras amplias experiencias en distintas regiones de Francia, Bienvenüe fue encargado de estudiar los planes del futuro metro, basándose también en los trabajos de sus predecesores. En 1896 presentó un nuevo proyecto al Ayuntamiento que, tras algunas modificaciones, fue aprobado en 1897. No quedó más que ponerlo en marcha.

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