Historia antigua

La invasión comunista en la Guerra de Corea

La invasión comunista en la Guerra de Corea

Contexto y comienzo del conflicto

Durante las primeras diez semanas después del estallido de la Guerra de Corea, el 25 de junio de 1950, el nuevo gobierno de la República Popular China, que llevaba apenas nueve meses en el poder, se limitó a observar cómo se desarrollaban los acontecimientos. Para los comunistas, tanto chinos como de otras latitudes, la situación era alentadora; para las democracias occidentales, resultaba profundamente preocupante.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la península quedó dividida a lo largo del paralelo 38. En el sur, bajo influencia estadounidense, se proclamó la República de Corea en agosto de 1948; en el norte, bajo ocupación soviética, surgió la República Popular Democrática de Corea en septiembre del mismo año. Los dos regímenes heredaron doctrinas políticas incompatibles que, al final, desembocaron en un conflicto armado cuando las tropas norcoreanas cruzaron el paralelo 38 y avanzaron hacia el sur, con el respaldo implícito de Estados Unidos.

En cuestión de semanas los norcoreanos capturaron la mayor parte del territorio surcoreano. A pesar de los refuerzos enviados por EE. UU. y otros países miembros de la ONU a finales de julio, las fuerzas no comunistas se aferraron a la pequeña zona de resistencia del puerto de Pusan.

El contraataque de la ONU y la amenaza al Yalu

El 15 de septiembre, la exitosa desembarco de la 10ª División de Marina de EE. UU. en Inchón marcó un punto de inflexión. Las fuerzas de la ONU, apoyadas por unidades recién llegadas, rompieron el cerco comunista alrededor de Pusan y obligaron a los norcoreanos a retroceder más allá del paralelo 38. A principios de octubre, las tropas surcoreanas cruzaron la frontera, seguidas una semana después por los estadounidenses. A finales de octubre, la ONU había llegado a Pyongyang y, en menos de cinco semanas, la suerte había cambiado de manos.

Con el enemigo a menos de 250 km del río Yalu, que separa Corea del Norte de China, los comunistas chinos se sintieron directamente amenazados. Temían que, si caía el Estado norcoreano, la frontera de la recién establecida República Popular China quedaría expuesta a lo que consideraban una "cuna de subversión" respaldada por el imperialismo occidental.

Intervención de la República Popular China

Ante esta percepción, China decidió intervenir, primero con advertencias verbales y, simultáneamente, con preparativos militares. En julio de 1950, ya había concentrado 116 000 soldados en Manchuria; para finales de agosto, esa cifra se había más que duplicado, y en octubre, con la ofensiva de la ONU avanzando hacia el Yalu, el número de tropas chinas en la zona ascendía a unos 750 000 hombres.

Entre el 14 y el 16 de octubre, los primeros "Voluntarios del Pueblo" comenzaron a infiltrarse en Corea del Norte durante la noche, cruzando los puentes del Yalu. El 1 de noviembre, 18 divisiones chinas (unos 180 000 hombres) habían cruzado el río, y dos semanas después, 300 000 soldados habían ingresado clandestinamente a Corea del Sur.

La ONU, al prohibir vuelos de reconocimiento al norte del Yalu, mantuvo sin saber la magnitud de la infiltración. De haber conocido esos movimientos, el general MacArthur probablemente habría descartado las advertencias chinas como simples tácticas de presión.

Batallas decisivas y consecuencias

El 26 de octubre, una parte del 7.º Regimiento de la 6.º División surcoreana fue la primera fuerza de la ONU en alcanzar el Yalu. Al día siguiente, bajo un clima invernal helado, los soldados surcoreanos fueron superados por las tropas comunistas. El 28 de octubre, la totalidad de la 6.º División sufrió la misma suerte, y tres divisiones adicionales fueron derrotadas, dejando expuesto el flanco derecho del Ejército de EE. UU.

El 1 de noviembre, el 3.º Batallón de Caballería estadounidense quedó rodeado cerca de la pequeña localidad de Pusan. Los soldados chinos, avanzando en oleadas de 300‑400 hombres sobre un manto de cadáveres, atacaron la posición hasta seis veces consecutivas. A pesar de las enormes bajas, la táctica china pulverizó al batallón, dejando solo unos pocos supervivientes que lograron arrastrarse hasta las líneas de la ONU.

Estas batallas mostraron la férrea determinación de las fuerzas chinas y su desprecio por el riesgo personal, sorprendiendo a las mentes occidentales y marcando un punto de inflexión en la guerra.

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