Historia antigua

Heihachirō Tōgō: el almirante que llevó a Japón a la victoria en Tsushima

Heihachirō Tōgō nació el 27 de enero de 1848 y falleció el 30 de mayo de 1934. Formado por la Marina británica, participó en los primeros combates de la Primera Guerra Sino‑japonesa, donde alcanzó el rango de almirante. Durante la Guerra Ruso‑japonesa (1904‑1905) comandó toda la escuadra japonesa y obtuvo una victoria decisiva en la Batalla de Tsushima.

Heihachirō Tōgō: el almirante que llevó a Japón a la victoria en Tsushima

¿Quién fue Tōgō?

¿Un Bismarck de hierro y acero? ¿Un segundo Nelson? ¿Un estratega asiático, astuto y despiadado? El mundo hablaba de él y sus retratos decoraban las revistas ilustradas. A la vez, despertaba la curiosidad por una Japón que, en apenas cincuenta años, había logrado una transformación social que a Occidente le había llevado cinco siglos.

Una modernización sin pérdida de esencia

El auge japonés no se debió únicamente a una energía fanática o a una sabiduría sin precedentes. Más bien, mostró que, bajo la superficie, seguían latentes las fuerzas vivas de los primeros siglos de la civilización nipona. La modernización y la europeización fueron, para Japón, meramente externas y prácticas: una nueva fachada sobre una alma tradicional.

Tōgō, de joven samurái de cabeza rapada y dos espadas al cinto, se convirtió en almirante adoptando las técnicas militares occidentales, pero sin renunciar al código del bushidō: valentía, indiferencia al dolor, autocontrol, honor y devoción al Mikado.

Humildad y vida sencilla

Amante de la belleza floral, cultivaba su jardín con esmero. Tras la victoria, regresó a su modesta casa en Tokio, donde vivió durante cincuenta y dos años, desde su matrimonio hasta su muerte. Aunque la Corona le ofreció palacios, los rechazó; la gloria nunca corrompió su frugalidad. Murió casi en la pobreza, a pesar de los honores y beneficios recibidos.

Paralelos con el Imperio Alemán

Al igual que el Primer Imperio Alemán, Japón de la era Meiji se apoyó en disciplina, honor incuestionable, silencio, tenacidad y modestia para forjar su futuro.

Un viaje discreto a Inglaterra

En 1911, Tōgō y su colega Nogui visitaron Inglaterra. Silenciosos y modestos, no comprendían la admiración, los brindis y la prensa que los rodeaban. No eran celebridades, sino soldados cumpliendo con su deber.

El legado del guerrero

Las hazañas de Tōgō, Nogui y otros héroes japoneses merecen los anales de la historia universal, pero nunca aceptaron ser elevados sobre sus compañeros. Sus logros se debieron al Mikado, al valor de las tropas, al apoyo del pueblo y a la inspiración de los ancestros.

Joven, fue impetuoso y obstinado; el mariscal Ito tuvo que tolerar sus excesos. Sin embargo, el verdadero genio se domina a sí mismo. Con los años, Tōgō mostró equilibrio, paciencia y solidez, cualidades que contagió a su entorno. Su muerte fue serena; fue venerado como un santo y reconocido como el héroe nacional que encarnó los valores más nobles del pueblo japonés.

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