Historia antigua

El sacrificio de los soldados senegaleses

Contexto de la campaña (junio de 1940)

Desde el 15 de junio, las últimas unidades del ejército colonial fueron enviadas al combate, aunque la derrota ya estaba decidida. Algunas de ellas, como el 8.º D.I.C., fueron divididas; una parte abandonó el 25.º R.T.S. en los alrededores de Lyon para reforzar la defensa del valle del Ródano.

El 24 de junio, cerca de La Haye-Descartes, el famoso Régiment d'Infanterie Coloniale du Maroc (R.I.C.M.) lanzó una contraofensiva contra unidades alemanas que intentaban cruzar el río Creuse. Los alemanes fueron sorprendidos, abandonaron equipo y cientos de prisioneros.

La defensa del 25.º R.T.S. en Lyon

El regimiento de fusileros senegaleses, al mando del coronel Bouriand, quedó dividido en dos elementos. Un batallón se quedó en la margen izquierda del Ródano para defender la ciudad; los otros dos se desplegaron al oeste, entre Saint‑Étienne y Lyon, en la línea Saint‑Germain‑au‑Mont‑d’Or‑Chasselay. Su misión era clara: "Mantener la posición a toda costa".

El 18 de junio, la IV División Panzer del XVI.º Armeekorps se acercó por la margen derecha del Ródano, preparando el asalto a Lyon. El 19, tras cruzar Anse, los alemanes intentaron rodear la zona de Rive‑de‑Gier, llegando a Montluzon.

El asalto al convento de Saint‑Joseph de la Sueur

La noche anterior, el 25.º R.T.S. recibió la orden de abandonar la instrucción de "resistir hasta el final". La mayoría del regimiento se retiró a Rive‑de‑Gier, pero unos 600 soldados permanecieron en el convento de Saint‑Joseph, convirtiéndolo en un fuerte que controlaba las rutas de escape.

Los alemanes contaban con tanques, cañones y ametralladoras; los senegaleses sólo tenían fusiles Modelo 86/93, una metralleta por sección y ninguna arma pesada. A pesar de ello, combatieron con bayonetas y una voluntad inquebrantable. El ataque comenzó en la madrugada; ambas partes sufrieron grandes bajas, pero el convento siguió bajo control senegalés.

Durante el día, la artillería alemana intentó destruir los nidos de resistencia uno a uno. Los combates cuerpo a cuerpo se sucedieron, y una brigada blindada acompañada de dos regimientos de ingenieros de panzer se lanzó contra el pequeño batallón. Al atardecer, los puestos de apoyo fueron rodeados y caídos sucesivamente.

Los sobrevivientes fueron rodeados por la pared del convento y abatidos con ametralladoras. Algunos, en fuga, buscaron refugio en los sótanos, donde fueron alcanzados nuevamente. Sus manos fueron atadas con alambre de púas y fueron ejecutados brutalmente: colgados de los árboles, aplastados por los orugas de los tanques o fusilados. Sólo unos veinte lograron escapar, pero fueron capturados, encadenados y forzados a cavar sus propias tumbas antes de ser fusilados por la infantería alemana. Otros fueron llevados a Vaise, donde fueron finalizados con bayonetas y palas.

Conmemoración y legado

Los alemanes intentaron ocultar la masacre impidiendo que los habitantes enterraran a los caídos. En 1941 se colocó una placa conmemorativa que decía: "Aquí fueron fusilados por los alemanes veinte fusileros senegaleses por intentar detener al ejército".

El 8 de noviembre de 1942, tras la invasión de la zona libre, se organizó una ceremonia frente a un monumento que recreaba una "tata" africana, donde se enterró dignamente a los 188 fusileros senegaleses que habían muerto en junio de 1940.

Este episodio muestra el valor y el sacrificio de los soldados senegaleses, que defendieron a Francia en sus últimos momentos de libertad y pagaron con su vida una brutal represión.

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