Historia antigua

Arqueología de la crêpe bretona

Arqueología de la crêpe bretona
En la fábrica de crêpes, en Quimper (tarjeta postal sin fecha) • Museo de Bretaña, Rennes, dominio público / Departamento de prensa

No es una leyenda: los bretones ya preparaban crêpes en el siglo XIII. No sabemos si eran deliciosas, pero a los monjes les gustaban. En el siglo XV apenas aparecen menciones escritas de esta especialidad, mientras que en el siglo XVII su presencia en documentos se vuelve más frecuente.

Los rastros más antiguos son escasos, pero hace unos diez años se descubrieron galettières (placas de barro para cocinar crêpes) en la antigua abadía de Landévennec, en Finistère. Esta fundación monástica, creada en el siglo V por San Guénolé, es la más antigua de Bretaña y hoy alberga un sitio arqueológico y un museo.

Los fragmentos de estas vasijas circulares de terracota, de aproximadamente 1 cm de grosor y 30 cm de diámetro, se hallaron en fosas de la abadía. Durante cinco años, investigadores los estudiaron mediante cromatografía y espectrometría de masas. Detectaron ácidos grasos de cadena corta, rastros de ácido fitánico, colesterol y productos de degradación de triglicéridos a alta temperatura, lo que indica la presencia de lácteos y, concretamente, el uso de mantequilla para cocinar. La cerámica resistente permitía alcanzar temperaturas elevadas.

Pasta experimental

Recreando los gestos con materiales semejantes, los científicos fabricaron cinco réplicas de galettières y realizaron una docena de pruebas. Concluyeron que el alimento preparado en estos recipientes era una masa líquida cocida a más de 200 °C y enriquecida con productos lácteos. ¡Los monjes de la abadía disfrutaban de sus crêpes!

En cuanto a la diferencia entre crêpe y galette, la primera era fina y la segunda más gruesa. Los resultados se presentaron este verano en el museo de Landévennec, en una exposición abierta al público que se ampliará el próximo año. La investigación continúa.


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