Historia antigua

Mosa‑Argonne 1918: la batalla de un día del teniente coronel George S. Patton

Contexto de la ofensiva

En 1918 la guerra seguía siendo esencialmente una lucha de infantería, pero el Ejército de los EE. UU. contaba con una importante ventaja tecnológica: tanques, artillería y apoyo aéreo. Disponían de 189 tanques ligeros Renault FT‑17, casi todos bajo el mando del brillante teniente coronel George S. Patton Jr., futuro legendario comandante de tanques en la Segunda Guerra Mundial.

Los tanques de Patton

Aunque los FT‑17 eran lentos y estaban diseñados para operar en medio de la infantería, Patton intentó utilizarlos en la ofensiva del bosque de Argonne. Su participación fue breve: resultó gravemente herido el primer día del ataque. Al ser trasladado en ambulancia, ordenó al conductor, como de costumbre, “¡Al PC de la 35ª División!” y no recibió respuesta.

Aviación estadounidense

Los EE. UU. tenían 842 aviones bajo el mando del coronel William “Billy” Mitchell, considerado el padre de la aviación militar estadounidense. En contraste, los alemanes contaban con apenas 302 aviones. Sin embargo, el dominio del cielo no siempre fue estadounidense; el clima adverso y la falta de coordinación limitaron su impacto, reduciéndolo a una acción mayormente psicológica.

Artillería

Con 2 700 piezas de artillería –principalmente cañones de 75 mm y obuses de 155 mm, en parte cedidos por Francia– los estadounidenses contaban con un potente apoyo de fuego. El mayor general Charles P. Summerall, especialista en artillería, introdujo cierta flexibilidad en su empleo, aunque a menudo los cañones quedaban rezagados en caminos embarrados y congestionados.

Terreno y dificultades

El número y la calidad del material favorecían a los aliados, pero el terreno beneficiaba a los alemanes. Sus puestos de observación y artillería estaban protegidos por las alturas que dominan el valle del Mosa. El sector derecho estaba limitado, mientras que el izquierdo, atravesando el denso bosque de Argonne, quedaba expuesto al fuego enemigo desde los escarpes del valle del Aire.

El avance debía desarrollarse en un estrecho desfiladero, ideal para el fuego cruzado. El bosque, los macizos y colinas –como el de Montfaucon– y, sobre todo, la línea Kriemhilde que se extendía por las alturas de Cunel, dificultaban cualquier ataque masivo. El teniente coronel Hugh A. Drum, jefe de Estado Mayor del 1.º Ejército de EE. UU., describió el área como “el terreno defensivo más formidable que he visto, con excelentes posiciones de fuego cruzado y abundantes posibilidades de camuflaje”.

Desarrollo de la ofensiva

El plan requería un avance rápido para conquistar la línea Kriemhilde, situada a 16 km, antes de que los alemanes pudieran reforzar sus defensas. En la noche del 26 de septiembre, a las 2:30 a.m., la artillería aliada lanzó un intenso bombardeo de tres horas contra las posiciones enemigas. A las 5:30 a.m. comenzó la “cortina de humo” y el avance de la infantería bajo niebla, a lo largo de un frente de 32 km.

El primer día, todos los cuerpos de ejército alcanzaron sus objetivos. Al día siguiente, la 79ª División tomó la estratégica cresta de Montfaucon. A partir de entonces, la resistencia alemana se endureció. El coronel Christian A. Bach, jefe de Estado Mayor del III Cuerpo, escribió que “lo que antes se podía cruzar en pie, ahora obligaba a los hombres a agacharse o arrastrarse”. La 35ª División, compuesta por soldados de Kansas y Missouri, enfrentó a la élite alemana del 1.º División de Guardias Prusianas y perdió al menos 6 000 hombres, teniendo que ser relevada el 1.º de octubre.