Historia antigua

El dominio del fuego por el Homo erectus

El Homo erectus apareció hace unos 1,8 millones de años en África y luego se expandió hacia Asia y Europa. Sucedió al Homo habilis, cuyo nombre indica “hábil” por su dominio de las herramientas. La evolución del género Homo fue paulatina; la característica más distintiva del Homo erectus es su bipedalismo y, sobre todo, su postura erguida (del latín erectus, “erecto”).

Alrededor del 450 000 a.C.

El dominio del fuego por el Homo erectus

Procedimiento

El Homo erectus pescaba, recolectaba y cazaba, y se protegía del frío con las pieles de los animales que cazaba. Fabricaba objetos y herramientas, actividades similares a las de su predecesor, pero su postura era diferente. Todo cambió cuando logró domesticar el fuego, originado en accidentes naturales como los rayos. Los arqueólogos sitúan esta domesticación aproximadamente en el 450 000 a.C., una fecha que marcó una revolución en su modo de vida.

Los primeros focos intencionales se encontraron en China, en el yacimiento de Zhoukoudian. Existen indicios de calcinaciones mucho más antiguas, como en Gesher Benot Ya'aqov (Israel), que datan de 790 000 años antes de Cristo, aunque aún no se confirma que fueran deliberadas. Un “hogar” se reconoce cuando hay un espacio quemado delimitado por piedras, con capas de ceniza que evidencian reutilización y huesos carbonizados que prueban la alimentación.

El fuego permitía cocinar alimentos, eliminar bacterias, ahuyentar depredadores, prolongar la luz del día, penetrar en cuevas y explorar nuevos territorios.

Consecuencias

El dominio del fuego es uno de los actos fundacionales de la humanidad. Diferencia al ser humano de los animales, ya que es la única especie que ha sabido domesticar el fuego. A partir de ese momento, nuestra especie dejó de depender exclusivamente de la naturaleza para alimentarse; pudo transformar alimentos crudos en cocidos. Al cocinar, alimentos antes incomibles se volvieron comestibles y más fáciles de masticar, lo que provocó una reducción del tamaño de la mandíbula y de los dientes, y favoreció el crecimiento cerebral.

Además, la reducción de enfermedades transmitidas por bacterias disminuyó la mortalidad. El fuego también transformó la relación del Homo erectus con su entorno: dejó de ser un simple seguidor de la naturaleza y se convirtió en un actor que modificaba su medio. Ya no temía al frío, podía reunirse y conversar alrededor del fuego, y la cultura empezó a prevalecer sobre la crudeza del entorno. Estas primeras reuniones alrededor del fuego abrieron la puerta a la socialización y al desarrollo cultural.