Historia antigua

La Inquisición en la Edad Media: orígenes, objetivos y mitos

Por Me. Cláudio Fernandes

La Inquisición en la Edad Media: orígenes, objetivos y mitos

Origen de la Inquisición

La institución conocida como Inquisitio haereticae pravitatis, más popularmente llamada Inquisición, fue establecida por el Papa Gregorio IX en 1233 mediante la bula Licet ad capiendos. Su finalidad era crear un tribunal especializado para juzgar los delitos de herejía, que se habían vuelto recurrentes durante el siglo XIII.

El contexto: el cátarismo

Para comprender la Inquisición medieval es imprescindible conocer la expansión, en la Baja Edad Media, de una herejía conocida como cátarismo. El término proviene del griego y significa “puro”. Los cátaros heredaron elementos del gnosticismo antiguo y defendían la existencia de dos dioses: uno bueno, creador del espíritu humano, y otro maligno, responsable del mundo material y de la muerte. Consideraban a Cristo como el dios bueno y rechazaban la materialidad del cuerpo, llegando a oponerse a la procreación, pues la veían como una prisión para el espíritu.

La rama más conocida del cátarismo fueron los albigenses, organizados de forma compleja y con miles de seguidores. Para la doctrina católica, su rechazo a la Trinidad y a la humanidad de Cristo representaba una amenaza grave.

Primeras respuestas de la Iglesia

En 1148, el Sínodo de Verona, convocado por el Papa Luci III y el emperador Federico Barbarroja, tomó medidas contra los cátaros. Sin embargo, el conflicto se intensificó bajo el papado de Inocencio III (1189‑1216), quien prohibió a los herejes ocupar cargos públicos y confiscó sus bienes. Fue también él quien autorizó la cruzada contra los albigenses, una campaña militar que buscaba eliminar la influencia cátara.

Creación de la Inquisición papal

A pesar de las cruzadas, el cátarismo siguió presente en el siglo XIII, a veces de forma encubierta. Por ello, el Papa Gregorio IX fundó la Inquisición papal en 1233, un tribunal de investigación cuyo objetivo era determinar si los acusados de herejía eran realmente herejes.

Contrario a la creencia popular, la Inquisición medieval no ejecutó a millones de personas. Su actividad fue mucho más limitada y, cuando se aplicó la pena de muerte, la ejecución correspondía a la autoridad civil, no a la eclesiástica.

Uso de la tortura

La tortura fue autorizada por el Papa Inocencio IV mediante la bula Ad extirpanda. No obstante, su empleo fue excepcional y estrictamente regulado. La historiadora Regine Pernoud señala que, en la Inquisición medieval, sólo se registraron tres casos seguros de tortura y que, de 930 procesos dirigidos por el inquisidor Barnard Gui, sólo 42 terminaron en pena de muerte.

«De las novecientas treinta condenas producidas por el inquisidor Barnard Gui, cuarenta y dos resultaron en pena capital. En toda la historia de la Inquisición en Linguadoque sólo se encuentran tres casos seguros de tortura; su uso fue, por tanto, extremadamente escaso. Además, la Inquisición, como todo tribunal eclesiástico, no practicaba la detención preventiva y dejaba al acusado en libertad hasta que se demostrara su culpabilidad». [1]

Es importante destacar que la ejecución de los condenados era responsabilidad del poder secular, no de la Iglesia.

Notas

[1] PERNOUD, Regine. Light on the Middle Ages. Trad. António Manuel de Almeida Gonçalves. Mem Martins: Publications Europe‑America, 1997, p. 90‑91.

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