Lugares de culto
Durante el Imperio aqueménida, el culto se realizaba al aire libre, como relata Heródoto. A partir del siglo I d.C. comenzaron a construirse templos donde los sacerdotes mantenían una llama perpetua, según Strabón. En los períodos parto y sasánida, los zoroástricos erigieron templos con un altar donde el fuego se conservaba en una urna; los fieles rezan contemplando su luz.
Sacerdotes
En la tradición iraní, los sacerdotes eran llamados magos. Como guardianes de la comunidad y del fuego sagrado, estudian y transmiten oralmente el Avesta, y velan por el código ético que les permite resolver disputas legales. Hoy se dividen en tres rangos: el ervad (o herbad en Irán), el mobed y el dastur, la máxima jerarquía.
Ceremonias
Los ritos han evolucionado a lo largo de los siglos. Actualmente, la base de la vida ritual es la oración, ya sea en el templo, en casa o al aire libre. También se celebran ceremonias comunitarias en las que se recitan pasajes del Avesta, sobre todo los Gathas. Una de las más importantes es el kusti, una cuerda blanca que se ata a la cintura del creyente, simbolizando la pertenencia al pacto ritual y el vínculo con la fe de los ancestros.
Ritos funerarios
La creencia en el juicio del alma y su posterior recompensa o castigo motivó la particularidad de los funerales zoroástricos. La cremación y el entierro tradicional estaban prohibidos para no contaminar la naturaleza. Los cuerpos se colocaban en “torres de silencio”, estructuras circulares de piedra donde eran devorados por aves carroñeras.
La poción sagrada
El haoma ha ocupado un papel central en la liturgia desde tiempos inmemoriales. Preparado durante el principal ritual zoroástrico, el yasna, consiste en dos mezclas: la primera combina agua, hojas y tallos de granada con efedra; la segunda sustituye el agua por leche. Los participantes beben unas gotas, que los zoroástricos contemporáneos consideran con propiedades curativas.