Introducción
El término metralla proviene del nombre de su inventor, el teniente Henry Shrapnel, y originalmente designaba una "cápsula de bala". Hoy en día se usa de forma imprecisa para referirse a cualquier fragmento pequeño proyectado por una explosión.
Orígenes (finales del siglo XVIII)
En 1784 el teniente Henry Shrapnel (1761‑1842) del Cuerpo de Artillería Real Británica empezó a desarrollar un arma antinfantería. En aquel tiempo la artillería utilizaba cañones de canister, que contenían una caja metálica llena de bolas de hierro o plomo. Al dispararse, la caja se desintegraba dentro del cañón, produciendo un efecto similar al de un escopeta de gran calibre.
El cañón de canister era letal hasta unos 300 yardas, pero más allá de esa distancia la densidad de proyectiles disminuía considerablemente. Para rangos mayores se empleaban balas sólidas o proyectiles huecos llenos de pólvora, que producían principalmente una explosión y pocos fragmentos.
Innovación de Shrapnel
Shrapnel combinó el efecto múltiple del cañón de canister con un retardo de la mecha. Su proyectil era una esfera de hierro fundido hueca que contenía una mezcla de balas y pólvora, más un fusible rudimentario. Si el fusible estaba bien cronometrado, la esfera se abría frente o sobre el objetivo y liberaba las balas, que continuaban su trayectoria con la velocidad residual del proyectil. La carga explosiva era suficiente sólo para romper la esfera, no para dispersar las balas en todas direcciones.
Con esta solución el alcance útil aumentó de 300 m a aproximadamente 1 100 m. Shrapnel llamó a su invención "cápsula esférica", pero el gobierno británico la aprobó en 1852 bajo su propio apellido.
Problemas iniciales y solución
Los primeros modelos sufrían de detonaciones prematuras causadas por la fricción entre la pólvora y las balas durante la aceleración. La solución consistió en colocar la pólvora en un tubo metálico central o en una cámara separada dentro de la esfera. Además, las balas de plomo se incrustaron en resina, cuya combustión indicaba el momento exacto de la explosión.
Adopción y mejoras británicas
El ejército británico adoptó la metralla en 1803 y la empleó con entusiasmo. Ese mismo año Shrapnel fue ascendido a mayor. El Duque de Wellington la utilizó contra Napoleón desde 1808 hasta Waterloo, describiendo su gran efectividad.
Posteriormente el capitán E. M. Boxer del Royal Artillery introdujo mejoras que se adaptaron a los cañones rayados.
Evolución del diseño
El proyectil pasó a tener forma cilíndrica. En la punta se instaló un fusible de tiempo, en el centro un tubo por donde corrían las balas impregnadas en resina, y en la parte trasera una cámara de pólvora sellada con una tapa crimpada. Tras el tiempo preestablecido, el fusible encendía la pólvora, que soltaba las balas. Estas seguían la trayectoria del proyectil y caían en una zona ovalada. Resultó muy eficaz contra tropas a campo abierto, pero poco útil contra enemigos atrincherados.
Primera Guerra Mundial
Al inicio de la Gran Guerra la metralla se usó masivamente contra hordas de infantería en campo abierto. Con el paso a la guerra de trincheras quedó obsoleta, pues no podía destruir alambre de púas, romper el suelo ni afectar a soldados bajo tierra. Los explosivos de alto poder de fragmentación sustituyeron a la metralla, pues una sola explosión de 105 mm podía generar cientos de fragmentos de alta velocidad (1 000‑1 500 m/s) y una onda de choque letal.
Un modelo destacado fue la "cápsula universal" de la firma alemana Krupp, que podía funcionar como metralla o como explosivo de alto poder, pero su complejidad llevó a su abandono.
Segunda Guerra Mundial
Durante la II Guerra Mundial la metralla dejó de fabricarse en sentido estricto. El último uso registrado por el ejército británico fueron proyectiles de 60 lb disparados en Birmania en 1943.
La Marina Imperial Japonesa, sin embargo, desarrolló una munición antiaérea combinada de metralla e incendiario conocida como "Sanshiki".
Guerra de Vietnam
En la década de 1960 EE. UU. creó la conocida "cápsula colmena" (Beehive). No era una metralla tradicional, pues contenía dardos de acero de 0,5 g. El modelo más famoso fue el 105 mm M546 APERS‑T, usado por primera vez en 1966.
El proyectil llevaba alrededor de 8 000 dardos distribuidos en cinco paquetes, un fusible de tiempo, detonadores que dividían la carcasa en cuatro secciones y una carga propulsora sin humo. Al detonar, los dardos se esparcían en forma de cono que se extendía a lo largo de la trayectoria, resultando extremadamente eficaz contra infantería bajo la cubierta del bosque.
Situación actual
Hoy la metralla se emplea de forma esporádica en calibres variados, a veces sustituyendo a los dardos o proyectiles de tungsteno por balas, cilindros o varillas. Algunos misiles anti‑misiles utilizan ojivas que liberan una nube de sub‑proyectiles a una distancia predeterminada, aumentando la probabilidad de impacto sin requerir una explosión tradicional.
En lenguaje coloquial, "metralla" también significa "cambio suelto" o desechos metálicos.