Operación Dardanelos
El 18 de marzo de 1915, una poderosa escuadra franco‑británica intentó forzar el estrecho de los Dardanelos tras un intenso bombardeo. Al día siguiente, el acorazado francés Bouvet explotó y se hundió, seguido por los cruceros de batalla británicos Ocean e Irrésistible. La flota aliada se retiró sin saber que los casamates de los fuertes turcos estaban vacíos de municiones y que la ruta hacia Constantinopla estaba completamente abierta.
Consecuencias inmediatas
Este revés tuvo graves repercusiones para los británicos, que habían apostado todo su prestigio en Oriente Medio y los Balcanes.
Desembarco en Moudros
Pocos días antes de la derrota, los primeros soldados de una gran fuerza expedicionaria anglo‑francesa desembarcaron en la bahía de Moudros, en la isla griega de Lemnos, con el objetivo de conquistar la península de Gallípoli, situada en la costa occidental del estrecho.
Dos divisiones británicas y un cuerpo de ejército formado por unidades australianas y neozelandesas, los famosos ANZAC, contaban con el apoyo de una división francesa bajo el mando del general d’Amade. El mando supremo quedó en manos del británico Sir Ian Hamilton, dada la preponderancia de personal británico tanto en tierra como en el mar.
Problemas logísticos
La prisa que marcó la preparación de la expedición se sintió desde el primer día. Los transportes fueron cargados de forma tan deficiente que el material necesario para un desembarco masivo no pudo descargarse a tiempo.
Por ello, toda la armada tuvo que regresar a Alejandría para descargar sus bodegas y volver a cargar los suministros en el orden correcto. Esta maniobra tomó alrededor de un mes, tiempo que permitió a los servicios de inteligencia turcos y alemanes, muy activos en Egipto y Grecia, observar los movimientos. El elemento sorpresa, que los atacantes habían contado, se volvió en su contra.